Pastoral Juvenil
de la Arquidiócesis de Panamá

Somos amados por nuestro Padre Dios

 

Somos hijos amados por nuestro Padre Dios, nos ama gratuitamente, es nuestro mejor amigo, nunca nos falla, y como no lo queremos perder debemos estar en contacto o en sintonía con él cada día, a través de la Palabra, la oración personal y comunitaria. Jesús nos dice en Mateo 21, 22b: Todo lo que pidan con una oración llena de fe, lo conseguirán. Como miembros de una familia, de grupos o movimientos juveniles tenemos que buscar a ese Dios vivo, que está esperando que le abramos la puerta de nuestro corazón para inundarla de mucho amor, paz, alegría, y así nuestro Padre Celestial nos irá guiando en cada paso que demos en nuestra vida. Sólo debemos dar el primer paso que es el querer estar con EL.
Pidan, llamen, toquen las puertas. Se les abrirán las puertas, encontrarán lo que buscan, recibirán lo que piden. Su único problema consiste en dejarse envolver y amar por el Padre. ¡Si ustedes supieran cuánto son amados por El, si ustedes conocieran al Padre… nunca sabrían de tristezas ni de miedos! Y ahora compórtense con los demás, tal como el Padre procede con ustedes. (Sube Conmigo de P. Ignacio Larrañaga).
En la oración diaria iremos descubriendo qué quiere Dios de nosotros, nos vamos haciendo más amigos de El, por ejemplo, cuando estamos reunidos con nuestro mejor amigo o amiga, le contamos nuestras alegrías, tristezas, problemas, eso quiere Dios de nosotros, que tengamos la confianza de contarles nuestras cosas, aunque El ya lo sabe todo. No busques en la oración sentir emociones especiales o extrañas, ni nada intelectual, la oración es una comunicación profunda, un darse, amar y sentirse amado. Para que nuestra oración sea efectiva siempre tenemos que invocar al Espíritu Santo, el que enseña toda la verdad.
En la Escritura dice: De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. (Marcos 1,35). Jesús siendo Dios y Hombre a la vez, sentía esa necesidad de buscar a su Padre en la oración, estar a solas con El, sacar fuerzas para poder salir al mundo y anunciar el mensaje de salvación. Jesús nos invita a pedir con perseverancia, sin cansarnos nunca. Dios siempre escucha nuestros ruegos, pero muchas veces no nos dará lo que le pedimos y en la forma en que lo pedimos, ya que no sabemos lo que nos conviene. Nos dará el Espíritu Santo, el nos mostrará una visión más clara de su voluntad y al mismo tiempo ánimo para cumplirla.
Queridos jóvenes tengamos ánimo, en buscar a Dios a través de la Palabra y la Oración, y así nos vamos transformando en testigos, discípulos y misioneros de nuestro amado Jesús.

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