Un fenómeno llamado Michael Jackson

 

Bernardina de Moreno

Como cristiana, quiero ser objetiva y reflexionar con serenidad lo que he observado y escuchado, a raíz de la muerte de Michael Jackson, que si bien es cierto, no se puede negar que es una o fue celebridad en cuanto a figura artística se refiere. A estas alturas el que no sabía quién era el rey del pop, con la publicidad mundial desplegada después de su muerte, ya se enteró. No estoy en contra de la gran manifestación de afecto y simpatía que sus seguidores y admiradores le hayan brindado, quién da cariño recibe cariño, aunque sea póstumo. Pero, resulta que ese personaje que ha captado la atención mundial no es un objeto, ni un robot, es un ser humano creado por Dios a su imagen y semejanza, redimido por la sangre de Cristo, heredero del Reino de Dios, con un alma que será juzgado como cualquiera por las leyes divinas, y a pesar de que (según informaron) su cuerpo reposa en un féretro de bronce y oro avaluado en B/.25.000.00 tendrá el mismo fin de los que bajan al sepulcro. Cabe preguntar: si entre los que gritaban hasta el borde de la histeria, alguno elevaría una plegaria por la salvación de su alma? Que a pesar de la fortuna tan grande que tenía, no disfrutaba de mucha paz.
Para los que pensamos con cabeza fría, todo este espectáculo, nos tiene que hacer reflexionar, sobre el hecho de que, por la actitud de las masas, ese desequilibrio emocional, que se daba, demuestra que la humanidad está falta de una verdadera motivación espiritual que llene todo ese vacío que siente, y cuando se presenta un acontecimiento como estos, llámese Michael Jackson, o cualquier otro personaje o figura famosa, la masa se va a volcar siempre en una entrega exagerada, porque tiene hambre de afecto, y como se ha alejado de quien puede saciar esa necesidad, que es Dios, seguirá corriendo detrás de todos esos personajes que los atrae con su manera y modo de proyectarse. Causa admiración y a la vez hace pensar, ver el hecho de que, una sola persona, capte, y mantenga la atención de miles de presentes en estos conciertos que al final de cuentas, salen cansados sin haber satisfecho su sed de afecto.
Los cristianos tenemos una super estrella, que no necesita ni bailar, no cobra sumas de dinero para asistir a sus presentaciones, se presenta en varios escenarios a la vez, (la santa misa diaria) tiene el poder de saciar nuestra sed de amor, con solo decidirnos a dejarlo entrar en nuestras vidas y tenerlo como nuestro mejor amigo. Gracias a su gran deseo de que tuviéramos un contacto directo con él, se quedó como alimento espiritual, que unas manos bendecidas por él nos lo dan diariamente. Tengamos siempre presente que nosotros no estamos solos ni abandonados, nuestra super estrella es noticia todos los días.

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