A TIRO DE PIEDRA
100 balboas mensuales
La pensión de 100 balboas
mensuales que el gobierno dará a las personas mayores de 70 años, que no
tengan jubilación ni pensión por invalidez, es un acto tierno, pero
plagado de populismo y comprometedor de la sostenibilidad propia del
programa.
Esa plata le viene bien a quien la reciba, principalmente a las mujeres
en ese rango de edad, que son las más vulnerables y que dependían, en su
mayoría, de un hombre que las mantuviera, llámese esposo, marido, hijo,
o mecenas de algún otro tipo. A ellas, al menos, los 100 balboas les da
la autonomía financiera, aunque sea parcial, que siempre anhelaron, cuya
ausencia marcó sus vidas con el sometimiento y la dependencia doméstica.
Sin embargo, desde otro punto de vista, el asunto no pinta tan poético.
Se dice que los fondos provendrán del impuesto a la operación de los
casinos. Bien por la ecuación que quita al que vive del juego de azar y
la apuesta, para darle al pobre. Pero, por otra parte, si la recaudación
es insuficiente, en alguna parte del camino se tendrá que buscar la
diferencia en otra carga impositiva, o fomentar el aumento y la
expansión de las salas de apuestas. El resultado sería: dinero para los
ancianos que no tienen jubilación, y promoción del vicio de la
“chinguia” entre la población local y los turistas. Y ya sabemos lo que
se mueve alrededor del ambiente de los juegos de azar: fumadores que
pondrán más peso en la costosa carga de atención médica por el cáncer,
apuestas clandestinas, prostitución, alcoholismo, y otros malos hábitos
y delitos que se generan en un ambiente de juerga y vicio.
Como parte de las promesas electorales, ahora existe la obligación
política de cumplir con lo prometido. El costo futuro para el país lo
pagaremos todos. Pareciera que la experiencia de la Caja de Seguro
Social no nos enseñó nada. ¿Hasta cuándo los beneficiados aceptarán 100
balboas? ¿Cuándo surgirá un líder con una gorrita, que los encabezará a
bloquear calles y avenidas para pedir aumento? ¿A qué ritmo crecerá la
cantidad de personas que entren cada año al programa de subsidio por
carecer de jubilación?
Repito. Es muy tierno dar esa asistencia económica a los ancianos que no
tienen pensión o jubilación del Seguro Social, pero supone riesgos
sociales y fiscales que podrían ser críticos en el futuro. Hay que
calcularlos y, desde ahora, tener planes y estrategias para afrontarlos.
Me habría gustado más otro tipo de programa como, por ejemplo:
aprovechar el conocimiento de los ancianos en el oficio que
desempañaban, y pagarles por transmitirlos. Muchos de ellos, hombres y
mujeres, tienen experiencia en plomería, ebanistería, repostería,
manufacturas diversas, agricultura, pesca, orfebrería, y tantas otras
artes y oficios aprovechables, cuyo conocimiento se pierde con la muerte
de quienes los ejercían. Los que calificaran se sentirían útiles en su
vejez, y no meros receptores de la caridad estatal.
Cómo me gustaría, con un programa así, que se conservara el conocimiento
de la hechura de instrumentos autóctonos como la mejorana, el rabel,
tambores, cutarras, dulces de marañón, zapallo, cáscara de naranja; del
cofio, el cocoduro, la melcocha. Preservar la confección de polleras,
sombreros, muebles, puertas, verjas, artesanías. En fin, tantas otras
locuras de estas que, a los que se dicen locos políticos, todavía no se
les ocurren.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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