|


Miles de manifestantes que apoyan al depuesto presidente de
Honduras, Manuel Zelaya, se manifiestan, en las calles que dan acceso a
la Casa Presidencial en Tegucigalpa. Decenas de manifestantes ya habían
resultado heridos el lunes en la jornada de enfrentamientos con la
Policía, en los alrededores de la sede de gobierno donde fueron
desalojados centenares de seguidores de Zelaya. EFE/Gustavo Amador.
Democracia herida
La voluntad popular es el principio más sagrado de la
democracia, porque en ella se manifiesta el querer del pueblo y radica
la libertad de decidir, mediante la participación ciudadana, sobre la
elección de los gobernantes y los asuntos más trascendentales del
estado.
Cuando la voluntad popular es burlada, por cualquier medio, se provoca
una herida mortal al sistema democrático, que cuesta mucho sanar. El
golpe de estado asestado en Honduras, contra el presidente
constitucional de esa nación, es un acto deleznable y fuera de toda
razón. Si hay motivo para relevar al presidente de su cargo, la propia
democracia provee los medios y el método. Recurrir a la fuerza de las
armas es rebajarse a la condición más primitiva de la sociedad humana, y
una acción que desdice del nivel de civilismo que puedan tener sus
perpetradores.
Volver |