Editorial
Cooperativismo
La vida colectiva es propia del ser humano, por la
naturaleza gregaria que le es intrínseca. Es en la colectividad que la
persona humana se realiza. Familia, vecindario, ciudad o país, son
elementos que componen la sociedad y le dan sentido, seguridad, y
capacidad de progreso.
En un mundo que tiene como elemento organizativo a la economía, la
necesidad de unirse para alcanzar el bienestar en ese campo es
fundamental. Sin embargo, no toda la población tiene la oportunidad de
generar riqueza y disfrutar, plenamente, de lo que produce su trabajo.
Frente a limitaciones como esta, el cooperativismo es una vía legítima e
idónea, para que el ser humano, en la ayuda mutua, pueda superar las
barreras de la marginación económica.
Panamá tiene la característica de mostrar riqueza y opulencia en algunos
sectores, y pobreza y pauperización en otros. Cuatro de cada diez
panameños son pobres, y gran parte de ellos lo son en grado extremo.
Nuestra sociedad tiene los recursos para superar esta situación, pero
están mal distribuidos. Trabajo, educación, salud y vivienda, por
mencionar algunos, son derechos que malamente llegan a nuestra población
pobre, y, en algunos casos, ni siquiera la alcanzan. Razón de más para
tomar decisiones urgentes.
Hemos inaugurado un nuevo periodo de gobierno, con promesas de cambio y
expectativas grandes. Si se lo propone, el nuevo gobierno puede hacer
del cooperativismo su carro de batalla contra la extrema pobreza. Es,
quizá, la vía más apropiada, por la que se le reconoce a la población
necesitada su ansía de progresar, su trabajo, y su deseo de superación,
libre de la hipoteca que constituye la dádiva política, y que empeña
eternamente, con gravosos intereses, la libertad de conciencia, la
dignidad, y la voluntad de quien sucumbe ante la usura moral electorera,
cuyas armas son el populismo y el paternalismo de estado.
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