Fotografía de archivo cedida por la organización Greenpeace este sábado, 20 de junio de 2009, en la que se ve la inmersión de una ballena jorobada. El Instituto Geográfico Nacional de Panamá Tommy Guardia elabora el primer mapa interactivo para el avistamiento de ballenas en América Latina con el fin de ordenar las investigaciones y contribuir a la conservación de estos mamíferos. EFE/Greenpeace/Ushioda, Masa/SOLO USO EDITORIAL.

Fauna marina

El prodigio de la Creación ubica a los animales entre los escaños superiores de las criaturas. Sólo el hombre los supera, y por eso a éste se le dio poder para dominar sobre aquellos. Ese dominio, sin embargo, le obliga a cuidar del resto de lo creado. Por ser la creación suprema de Dios, el hombre tiene la facultad de construir y destruir; ejercer su supremacía con sabiduría, o practicarla con la insensatez que lo lleva a la perdición.

Panamá, país pequeño y limitado en muchos aspectos, puede engrandecerse con el buen hacer en cuanto a la administración de sus recursos naturales. La oportunidad que se presenta para proteger la fauna marina, tanto la que nos sirve de sustento alimentario como la migratoria, es clave en este aspecto. Cuidar de la naturaleza es nuestra obligación; y, aunque pequeño, el país puede y debe actuar en consonancia con tal deber. Podemos permitirnos esa pequeñez en lo geográfico o lo desarrollado, pero, jamás, en pensamiento, cultura y civilización.

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