Editorial
Relevo de mando
Un nuevo equipo de personas está a punto de tomar las
riendas del gobierno, por los próximos cinco años. Lleno de motivos y de
promesas, el grupo de políticos infunde esperanzas de cambio al país. A
lo largo del tiempo, algunas se cumplirán; otras no. De la diligencia,
la celeridad, y la capacidad de gestión gubernamental dependerán el más
y el menos de sus logros.
Fuera de la responsabilidad que le cabe a los gobernantes, también está
el deber del resto de la sociedad de trabajar por el progreso del país.
El gobierno, en su conjunto, es sólo una de las piezas del engranaje de
la nación. Si bien es cierto que elegimos cada cinco años a las
autoridades, no lo es menos el hecho que los gobernantes son pasajeros y
los pueblos permanentes. Sociedad política y sociedad civil han de
colaborar, estrechamente, para el engrandecimiento de la vida social,
económica, cultural y política de la patria.
Cada nación se hace grande cuando sus habitantes trabajan y conducen sus
vidas con honestidad, honradez, civismo y profundo sentido de servicio a
la patria y al prójimo, dentro de particulares principios y valores que
los lleven a actuar como auténticos hijos de Dios. De poco o de nada
vale mostrar cifras de crecimiento económico, cuando la conciencia, el
corazón y la mentalidad de los gobernantes, líderes, dirigentes y
ciudadanos comunes están corrompidas y cegadas por el egoísmo y la
ambición.
Hacemos votos para que las nuevas autoridades, al asumir la conducción
del país, tengan muy presente la misión y el deber que asumen ante el
pueblo que los eligió para gobernar. Que Dios les guíe y les guarde,
para que pongan primero, en él, su confianza y sus planes; pero, sobre
todo, para que las promesas se cumplan, y nos eviten la decepción a la
que estamos acostumbrados, y el inminente castigo electoral dentro de
cinco años.
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