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Sacramentos
El Orden Sacerdotal

Los padres tienen obligación grave de dejar en libertad a sus
hijos que quieran consagrarse a Dios . Pero también sería pecado -y
gravísimo- el inducir a sus hijos, por motivos humanos, a abrazar, sin
vocación, el estado eclesiástico.
El
Orden Sacerdotal es un sacramento que, por la imposición de las manos
del Obispo, y sus palabras, hace sacerdotes a los hombres bautizados, y
les da poder para perdonar los pecados y convertir el pan y el vino en
el Cuerpo y en la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.
El sacramento del orden lo reciben aquellos que se sienten llamados por
Dios a ser sacerdotes para dedicarse a la salvación eterna de sus
hermanos y hermanas. Esta ocupación es la más grande de la Tierra, pues
los frutos de sus trabajos no acaban en este mundo, sino que son
eternos.
La vocación al sacerdocio lleva consigo el celibato, recomendado por el
Señor. La obligación del celibato no es por exigencia de la naturaleza
del sacerdocio, sino por ley eclesiástica.
La Iglesia quiere que los candidatos al sacerdocio abracen libremente el
celibato por amor de Dios y servicio a la humanidad.
La Iglesia quiere a sus sacerdotes célibes para que puedan dedicarse
completamente al bien de las almas, sin las limitaciones, en tiempo y
preocupaciones, que supone sacar adelante una familia.
Pero, sobre todo, el celibato sacerdotal tiene un fundamento teológico:
Cristo fue célibe, y el sacerdote es "alter Christus", es decir, otro
Cristo.
La vocación no consiste en recibir una llamada telefónica de Dios. Si un
muchacho tiene buena salud (no es necesario ser un superman ), es capaz
de hacer estudios (no es necesario ser un genio), puede vivir
habitualmente en gracia, con la ayuda de Dios (no hace falta ser ya un
santo), tiene buena intención (no se trata de buscar el modo de ganarse
la vida ) es decir, busca su propia perfección y la salvación de las
almas, debe preguntarse si Dios le llama al sacerdocio.
Hay que pedirle a Dios que haya muchas vocaciones sacerdotales y
religiosas, pues hacen falta muchos párrocos, muchos misioneros,
predicadores, confesores, maestros, etc., y también muchas Hermanitas de
los Pobres, de la Caridad, en los hospitales, en los asilos, religiosas
en las escuelas, etc.; y otras en los conventos de clausura que alaben a
Dios y pidan por los pecadores.
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Sacerdote
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Jesucristo
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El sacerdote debe
estar libre para dedicarse, cien por cien, al cuidado de las
almas. |
El amor de Jesucristo
es universal, igual para todos; sin los exclusivismos
propios del amor matrimonial. Así debe ser el amor del
sacerdote. |
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