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Fidelidad de Cristo, fidelidad del
sacerdote

Hoy, 19 de junio, día en el que la Iglesia Católica
celebra la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, tradicionalmente
dedicado a la oración por la santificación de los sacerdotes, comienza
el año sacerdotal que ha instituido el Papa Benedicto XVI y que se
concluirá el 19 de junio de 2010 con un "Encuentro Mundial Sacerdotal"
en la Plaza de San Pedro del Vaticano.
Este año, que se celebrará bajo el título "Fidelidad de Cristo,
Fidelidad del sacerdote", se conmemora el 150º aniversario de la muerte
de San Juan María Vianney, llamado "el Santo Cura de Ars", verdadero
ejemplo de pastor dedicado al servicio del pueblo de Dios.
Este "año sacerdotal" favorecerá, sin duda, el camino hacia la
perfección espiritual de la cual depende la eficacia del ministerio de
los presbíteros y ayudará a percibir mejor la importancia del papel y de
la misión del sacerdote en la Iglesia y en la sociedad contemporánea.
Y durante este año Benedicto XVI proclamará a San Juan María Vianney
"patrono de todos los sacerdotes del mundo", mientras que se publicarán
el "Directorio para los Confesores y Directores Espirituales" y una
recopilación de textos del Papa sobre los temas esenciales de la vida y
de la misión sacerdotal en la época actual.
El Papa, desde su elección, ha dedicado una atención especial a los
sacerdotes y prueba de ello son los numerosos encuentros de diálogo
abierto que ha mantenido con ellos tanto en Roma como en otras diócesis
que ha visitado.
La Iglesia quiere decir, sobre todo a los sacerdotes pero también a
todos los cristianos y a la sociedad entera, que está orgullosa de sus
sacerdotes, que los admira y que reconoce con gratitud su testimonio de
vida.
Aunque hace mucho más ruido un solo árbol que cae que toda una selva que
crece, a cualquier persona de buena voluntad que lea serenamente la
realidad no se le escapa la labor callada pero fecunda que realizan
tantos sacerdotes, en lugares a veces muy difíciles y conduciendo una
vida sencilla y sacrificada, a favor de la humanidad y no sólo de la
Iglesia.
Sin negar el escándalo que producen determinadas actitudes que son
inaceptables, en cuanto contrarias a lo que la Iglesia establece y pide,
se debe reconocer que el porcentaje es ínfimo en comparación con el
número total de los sacerdotes del mundo (más de 400,000).
El Cardenal brasileño Claudio Hummes, Prefecto de la Congregación para
el Clero, escribía hace unos días que "la inmensa mayoría de Sacerdotes
son personas dignísimas, dedicadas al ministerio, hombres de oración y
de caridad pastoral, que consuman su total existencia en actuar la
propia vocación y misión y, en tantas ocasiones, con grandes sacrificios
personales, pero siempre con un amor auténtico a Jesucristo, a la
Iglesia y al pueblo; solidarios con los pobres y con quienes sufren. Es
por eso que la Iglesia se muestra orgullosa de sus sacerdotes esparcidos
por el mundo".
Este año será sobre todo un año de oración que nos ayudará a los
sacerdotes (y Obispos) a profundizar el tener como referencia el estilo
de ser y de actuar de Cristo, el "testigo fiel", el único sumo y eterno
sacerdote, que hace posible nuestra fidelidad, aunque conscientes de que
este tesoro que es la vocación lo llevamos "en vasijas de barro" (2 Cor
4,7).
"Ser para los demás", comprometidos a vivir en comunión, con un amor que
da la vida por la gente (y ésa es la riqueza del celibato), que lleva a
una auténtica solidaridad con quien sufre y con los pobres de toda
pobreza.
Ser obreros en la viña del Señor, que construyen la Iglesia de Cristo
viviendo la comunión de amor con el Papa, con los Obispos, con los
hermanos sacerdotes y con los fieles.
Vivir con un corazón grande, que ama a todos, correspondiendo a nuestra
vocación para así poder mejor decir con verdad: "no soy yo quien vive,
es Cristo que vive en mi" (Gal. 2, 20).
Este año sacerdotal ayudará a entender que la inmensa mayoría de los
consagrados vivimos nuestro celibato como una riqueza, con serenidad y
alegría, con plenitud y gozo, realizados como personas maduras. Aunque
ello nos exija oración, sacrificio y vigilancia –valores todos ellos que
están en la esencia del Evangelio, aunque no estén de moda– para
profundizar la dimensión espiritual del amor y de la donación sin
reservas.
El Señor Jesús nos invitó a "estar en el mundo", insertos en nuestra
sociedad, sin "ser del mundo", atentos a no dejarnos llevar por una
mentalidad ajena a la de Dios. Habló de que "hay quien se hace eunuco
por el Reino de los Cielos" y dijo: "El que pueda entender, entienda",
aunque nos avisó que "no todos pueden entender" (Mt 19, 11-12). Por ello
no nos extrañan algunas posiciones de quienes hablan con una cierta
frivolidad.
Al mundo moderno, que todo lo juzga bajo el prisma del hedonismo y de la
incapacidad de vivir la renuncia a un placer inmediato por un bien
superior, le parece un disparate hablar de autodominio, de continencia,
de castidad. Hay quien quiere hacer pensar que el celibato es una
aberración o un modo de reprimir al ser humano pero no conoce la alegría
que aporta un corazón limpio y el gozo que supone estar disponible
siempre a toda la humanidad porque en ella se encuentra siempre a
Cristo.
No falta quien propone la abolición del celibato como medida para tener
más sacerdotes. Debo decir que, en cambio, he oído, en todas las
latitudes, voces de otras iglesias con sacerdotes casados que tienen
muchas menos vocaciones y nos envidian precisamente el celibato.
Invito a los católicos, en este año sacerdotal, a orar por sus
sacerdotes, para que sean lo que deben ser, sin olvidar que es más fácil
criticarles que orar por ellos. Este año facilitará también el que los
cristianos se interesen por sus sacerdotes, incluso por sus concretas
condiciones de vida, y les expresen un justo homenaje.
Mons. Andrés Carrascosa Coso
Nuncio Apostólico en Panamá.
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