Editorial
Ley inmoral, no es ley
El propósito de toda ley es normar, bajo la justa
razón y lo que rectamente corresponde, cualquier situación o hecho que
deba tutelar, para garantizar el bien común de la sociedad. Su
finalidad, por tanto, tiende a darle igualdad al débil frente al fuerte,
y a evitar los abusos de los poderosos sobre el resto de la población.
Con el intento fallido de ciertos diputados que intentaban recibir
dinero del estado, más allá del periodo que le fijó la última reforma
constitucional, se puso de manifiesto la torcedura de la ley a favor de
unos cuantos, y en detrimento de la mayoría representada en los
contribuyentes. Muy pocas voces, si no una, se levantaron en el seno del
Órgano Legislativo. No así fuera de ese círculo, donde el inmoral acto
provocó el rechazo y la censura.
Toda ley que atente contra la moral está muy lejos de ser una ley buena.
Si su objetivo es beneficiar a unos pocos, a costa de los muchos, pierde
su sentido de búsqueda del bien común. Peor aún si se impone, porque
sólo obtendrá la legalidad en su forma, pero, jamás, la legitimidad que
nace de la esencia que otorga la justicia y la rectitud moral que la
hace buena y aceptable a los ojos y la conciencia del resto de la
sociedad.
Tras esta experiencia, esperamos que se haya aprendido la lección, y que
ésta motive a otros grupos de privilegiados a renunciar a las prebendas
y los privilegios que un día, por la imposición de una norma, le fueran
otorgados sin otro propósito que beneficiarlos en menosprecio del sentir
y el bienestar de la comunidad panameña.
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