A TIRO DE PIEDRA
Patrimonio histórico y natural
Panamá tiene un patrimonio
natural e histórico muy rico, que es muy poco apreciado por los
nacionales. Quizá por eso, algunos capitalistas ávidos de más dinero, lo
depredan y destruyen sin piedad, sólo con el avieso fin de enriquecerse.
Conjuntos monumentales, sitios históricos, edificios, selvas, ríos y
playas, sucumben ante la avaricia de los desalmados. Que traen progreso,
nos dicen; pero lo que vemos es ruina, después de que pasan. Son como
aquel guerrero del lejano Oriente, a quien se le atribuye la siguiente
frase: “por donde pisa mi caballo, no crece la hierba”. Pero, al menos,
Atila el huno era bárbaro, en una época de bárbaros; pero estos nuevos
vándalos, no tienen excusa, porque se supone que viven en un mundo ahora
civilizado.
Atroz es el daño que se inflige al Casco Antiguo, porque más de un
bellaco quiere hacer millones, sin importarle un comino la historia ni
la ley. Lo que supuestamente es el atractivo de su “negocio”, lo
destruye indolentemente. ¡Vaya empresario! Lo mismo ocurre con los
manglares adyacentes al Corredor Sur, refugio de aves y otros animales
silvestres, que se destruye para levantar mansiones y construir un campo
en el que algunos dispendiadores de fortuna, matarán el tiempo metiendo
una pelotita en un hoyo.
Ni los adefesios que se erigen en Bella Vista, barrio asesinado
arquitectónicamente, ni los palacetes que se construyen en el Casco
Viejo disfrazados de estilo colonial, ni los campos de golf diseñados
por famosos golfistas, son más bellos que las edificaciones originales o
la naturaleza viva en el manglar. ¿Por qué destruir, cuando se puede
conservar? ¿Acaso no les da el ingenio para armonizar lo histórico y lo
natural, con el desarrollo de un negocio? Quizá haya que reenfocar la
forma en que se llenará la caja registradora, con la plusvalía que puede
generar la valorización futura y la conservación, pero ese intento bien
puede redimir, con creces, el sacrificio inicial.
Frente a tanto abuso y aparente impunidad, la comunidad despierta; las
voces se levantan; y las acciones civiles se multiplican. Autoridades y
capitalistas depredadores están en la mira, y sus bellaquerías poco a
poco son puestas al descubierto. Así como en un tiempo surgió la
Asociación Panameña de Crédito, para detectar a los malapagas y proteger
al empresario de los avivatos, también surgirá, y espero que muy pronto,
una asociación que lleve un registro de los depredadores de nuestro
patrimonio histórico y natural, para protegernos de ellos. Que se sepa
quiénes son, y que esta información se comparta con el resto del mundo,
dentro y fuera de nuestras fronteras.
La conservación y la protección de nuestros patrimonios natural,
histórico y cultural es asunto de todos. Si asumimos esta tarea como un
deber cívico, contribuiremos a salvaguardar la creación que Dios, con su
poder, y el hombre, con su talento, han hecho para hacer la vida humana
más agradable y bella.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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