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Controversia
Ateos, creyentes y vida eterna

La fe y la creencia religiosa es inherente al ser humano. El
hombre siempre busca conocer su origen y qué pasará con él después de su
muerte. El creyente que se esfuerza por vivir su vida honestamente, para
alcanzar la vida eterna, obtiene más en lo terreno y obtendrá más en la
otra vida. El que sólo vive por vivir, muy poco tendrá que agradecer al
final de sus días.
P. Fernando Pascual L.C.
No existe ningún método químico, ninguna prueba de laboratorio, para
decidir quién tiene razón y quién se equivoca. Si hubiese algún método
evidente, claro, indiscutible, para llegar a una respuesta definitiva en
este tema, hace siglos que habría terminado la discusión entre
espiritualistas y materialistas. Pero la disputa sigue en pie, y todos
nos encontramos a un lado o al otro de la plaza.
Llegará,
sin embargo, el momento en el que este asunto quedará “resuelto” para
siempre: tras la hora de la muerte.
Las posibilidades, a la hora de llegar a la tumba, son dos: o no existe
otra vida, o sí existe y continuamos nuestra existencia (obviamente, de
otro modo) porque tenemos la chispa del espíritu.
Ocurre, sin embargo, algo paradójico. Si todo se termina con la muerte,
si la creencia en el espíritu era un error inmenso o un engaño
maquiavélico, el materialista no podrá decir, tras la muerte, que tenía
razón. A la vez, el espiritualista no se dará cuenta de que había vivido
equivocado, ni se lamentará por haber soñado en un cielo inexistente.
Los dos se esfumarán, como el humo que disipa el viento, como el fuego
que agoniza con la lluvia que cae sobre la hoguera.
En cambio, si somos espirituales, si tenemos una vocación eterna, si
Dios nos espera en la otra orilla, la situación será sumamente diversa.
El espiritualista, el creyente, gozará infinitamente al descubrir que
tenía razón, que había vivido pensando en el cielo. El materialista, en
cambio, deberá reconocer su error. Tal vez tendrá que enfrentarse con
consecuencias no esperadas, con responsabilidades que había descartado
por no creer que hubiese nada más allá de la frontera.
Pascal (1623-1662) preguntaba: ¿quién tiene más miedo de la otra vida,
el que piensa que no existe algo tras la muerte y se comporta de tal
manera que, si hubiese cielo o infierno, mereciese el infierno? ¿O el
que cree en la vida eterna, y se esfuerza por alcanzar el premio que la
virtud recibe tras la muerte?
Son dos modos de vivir muy diferentes, casi contrapuestos, aunque luego,
ateos y creyentes (creyentes de verdad) parezcan vestir igual, entrar
juntos por la mañana a la oficina, y salir los fines de semana fuera de
la ciudad en busca de un poco de descanso.
La tumba espera, imperturbable, con su silencio y sus enigmas. Más allá
(así lo espero, así lo creo) está un mundo misterioso y bello, donde
Dios abraza a sus hijos, para vivir, eternamente, en la dicha de los
cielos.
Fuente: Catholic.net.
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Materialista
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Espiritualista
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El materialista
convencido dice: no hay Dios, ni cielo, ni espíritu, ni otra
vida después de la hora de la muerte. |
El espiritualista (los
creyentes suelen serlo, aunque no siempre nos acordamos de
ello) dice: hay Dios, cielo, espíritu y otra vida más allá
de la frontera. |
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