La Voz del Pastor

Mons. Pedro Hernández Cantarero
Obispo del Vicariato Apostólico de Darién
El Buen Pastor
Amados hermanos y hermanas en el Señor, hoy día del
Buen Pastor, nos han solicitado reflexionar sobre la figura del Buen
Pastor en nuestro tiempo. Es importante tomar consciencia de los
procesos que lleva nuestro mundo y en todos los ámbitos de la sociedad y
de la cultura se ha ido asumiendo en lenguaje y la literatura
eclesiástica para dar a conocer aspectos que son propios de la vida
laical en términos eclesiales. Es por esto que debemos tener cuidado, a
la hora de asumir nuestro propio lenguaje de situarlo en el verdadero
contexto eclesial y vivirlo desde lo que Dios nos propone cada día.
La figura del Buen Pastor la asumió Jesús, desde el Antiguo Testamento,
como una realidad y figura muy propia de su persona. Jesús, desde el
momento de su encarnación, es, actúa y vive como protagonista y consorte
de toda la historia humana. Las diversas analogías empleadas por Él para
indicar su propia realidad se pueden resumir en la de Buen Pastor. Esta
figura indica su ser más profundo de Hijo de Dios hecho hombre, “ungido”
y “enviado” por el Padre y por el Espíritu Santo. El obra como Buen
Pastor: llamando, guiando, conduciendo a buenos pastos, defendiendo, es
decir, anuncia la Buena Nueva, se acerca a cada ser humano para caminar
con Él y para salvarlo integralmente. Finalmente vive hondamente el
estilo de vida de Buen Pastor, que “conoce amando” y que “da la vida por
las ovejas”, como donación sacrificial según su misión y mandato
recibido del Padre.
Las actitudes internas de Cristo Buen Pastor arrancan de su ser y se
expresan en su obrar comprometido. Su interioridad es un camino o vida
de donación total: “camidad en el amor, como Cristo nos amó y se entregó
por nosotros en oblación y sacrificio” (Ef. 5,2)
El amor del Buen Pastor a toda persona humana en su integridad, porque
Él es “el plan de vida… para la vida del mundo” (Jn 6, 48-51). Su
“pascua” hacia el Padre se realiza por medio de esta donación
sacrificial que es pacto de amor o Alianza sellada con su sangre, como
máxima manifestación del amor de Dios a todos los hombres. Jesús realiza
la redención por medio de esta entrega de caridad pastoral inmolativa:
“por eso el Padre me ama, porque doy mi vida para tomarla de nuevo… tal
es el mandato que he recibido del Padre” (Jn 10, 17-18).
Esta realidad de Cristo Buen Pastor continúa siendo actual, no sólo por
unos hechos y un mensaje que son siempre válidos, sino principalmente
por la presencia de Cristo resucitado en la Iglesia y en el mundo.
Cristo fue y sigue siendo responsable de los intereses del Padre y de
los problemas de los hombres como protagonistas y consortes de su
historia.
Viendo la figura del Buen Pastor en el ministerio sacerdotal, podemos
decir que éste es signo transparente del Buen Pastor. El testimonio de
caridad pastoral, que es parte integrante de la evangelización, supone
relación personal con Cristo, seguimiento e imitación de sus actitudes
de Buen Pastor. “En virtud de su consagración, los presbíteros están
configurados con Jesús, Buen Pastor, y llamados a imitar y revivir su
misma caridad pastoral” (PDV 21). El Buen Pastor conoce a sus ovejas,
las guía acompaña, ama y da la vida por ellas (cf. Jn 10). El sacerdote
no se pertenece; ha sido llamado para ser signo de cómo ama el Buen
Pastor. Este signo, como transparencia de su caridad, no admite rebajas
en la santificación y en la misión. Los doce apóstoles fueron llamados a
dejarlo todo para compartir la vida con Cristo y para evangelizar sin
fronteras.
Ahora bien en cada iglesia particular los sacerdotes ministros deben ser
la pauta de toda vida apostólica de seguimiento radical de Cristo Buen
Pastor.
Por eso, en esta fiesta especial, nosotros los miembros de este sagrado
orden no podemos asumir con ligereza nuestra misión ministerial, ya que,
como don de Dios, hemos asumido un compromiso con Cristo y con la
Iglesia, llevando adelante la misión de Buen Pastor, aunque nos sintamos
atraídos por otras realidades más llamativas y que nos hacen vivir otro
tipo de protagonismos que no son coherentes con la llamada que hemos
recibido por parte del Señor. Nuestra misión es real y concreta y no
podemos dejarla de lado, ya que somos los únicos que debemos realizar
esta obra, llevándola hasta las últimas consecuencias con nuestra propia
vida. Esto parecería inhumano a los ojos humanos, pero es el proyecto
que Jesús nos propuso y que nosotros, con libertad de espíritu, hemos
asumido y pienso que es un deber moral el llevar adelante nuestro
proyecto, que es el proyecto de Jesucristo Buen Pastor.
Yo invito a todos los fieles a elevar nuestra plegaria a Dios para que
quienes hemos recibido la misión de ser Buen Pastor, seamos fieles,
coherentes y honestos en nuestra misión para que la Iglesia siga
manifestándose como signo de la misión que Jesús nos pudo en nuestras
manos.
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