28-6-2008 - 28-6-2009
Año Paulino

Carta a los Gálatas
Esclavos, hijos libres
 

Escribe Pablo: “Antes de que llegara la fe, éramos prisioneros, custodiados por la ley hasta que se revelase la fe futura. De modo que la ley era nuestro pedagogo hasta que viniera Cristo y recibiéramos la justicia por la fe; pero al llegar la fe, ya no dependemos del pedagogo.

“En Cristo Jesús todos sois hijos de Dios” (Gál. 3, 23-25). Pablo describe la misión de la ley como una realidad transitoria. Emplea dos imágenes: la cárcel y el pedagogo. La cárcel priva de la libertad humana al prisionero pero le guarda la vida.

El mismo Pablo experimentó esta situación camino de Cesarea. El pedagogo en la educación griega era quien cuidaba del niño hasta la mayoría de edad, que decidía el padre. Acabada esta etapa, el hijo se emancipa del pedagogo. La ley actúa de carcelero y pedagogo. Coarta la libertad de las personas sobre las que actúa.

La ley fue el pedagogo durante la minoría de edad de Israel hasta que Dios envía a su Hijo. Ahora todos somos hijos de Dios. Es la catequesis que Pablo predicó a los gálatas y ellos aceptaron. Pablo les recuerda: “Ahora no se distinguen judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, pues con Cristo Jesús todos sois uno… pertenecéis a Cristo, sois descendencia de Abrahán, herederos de la promesa” (Gál. 3, 28-9).

Vicente Gil M., c.m.f

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