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“El poder de la oración”
Rocío Romina Rodríguez Ros
Amigo lector, he llegado a la conclusión de que podemos tener fe, pero
si no oramos, no pasará mucho tiempo en que nuestro espíritu se sentirá
débil y decaerá; podemos sentir paz en nuestra alma, pero si no oramos,
la perderemos junto con la alegría y la tranquilidad de vivir; e
igualmente, podrá estar nuestro corazón rebosante de amor, pero si no
oramos, no demorará el mismo, en llenarse de sentimientos negativos. La
oración debe y tiene que ser sinónimo de constancia, pues sin ella,
estaremos destinados al fracaso; y ello es así, porque el poder de la
oración es inmenso, y sólo orando nos podremos mantener fieles a Dios.
En este mundo en el cual vivimos, la herramienta más poderosa y eficaz
que nos ha dado Dios para enfrentar las adversidades, es la oración; y
no necesitamos memorizar tanto, porque Jesús lo hace más simple. Él sólo
desea que le hablemos con el corazón.
Hagamos un examen amigo lector, tenga una conversión con una persona que
es constante en la oración y con otra que no, la diferencia es notoria,
porque aquélla que ora, se le ve feliz y despreocupada, y en los ojos se
le refleja el amor a Dios y al prójimo; y esto es así, porque la vida es
mucho más sencilla cuando la oración es nuestro norte. Es increíble,
pero una forma de vida, y eso es lo que debe ser la oración. Orando las
angustias desaparecen, porque aprendemos a dejar las cosas en manos de
Dios, reconociendo cuán pequeños somos ante su grandeza, así como la
necesidad de su ayuda y presencia. Aquél que ora jamás se sentirá
abandonado.
Tal vez, usted esté leyendo este artículo y piense que no hay mucho
tiempo entre las actividades diarias para dedicarlo a la oración, pues
le digo que se equivoca. El que ora tiene tiempo para todo e
increíblemente todo le sale bien. No espere milagros en su vida si usted
no ora. No se arriesgue a perder la fe, la paz, el amor y absolutamente
todo. Personalmente, no correría ese riesgo y estoy segura de que usted
tampoco porque el poder de la oración es lo único que nos permitirá
permanecer constantes y fieles en el amor a Jesús.
Apreciadísimo amigo lector, crea en “el poder de la oración” y no se
olvide de que ella es la más grande demostración de amor, fidelidad y
humildad que podemos ofrecerle a Jesús. Empecemos, entonces, a dedicar
tiempo a la oración, hasta que la misma se convierta en una forma de
vida, y recuerde que de todas las oraciones, las de alabanza y
agradecimiento son las que más agradan a Jesús. Estará de acuerdo
conmigo en que Él se merece eso y mucho más.
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