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VIRGEN BENDITA Y GLORIOSA
De espaldas a María

Virgen de La Merced. (Foto LAD)
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Con la muerte de los
fundadores del Protestantismo y las posteriores derivaciones que hoy
día conforman un gran número de sectas, la madre de Jesús, la
Santísima Virgen María, es la desconocida por completo en sus
enseñanzas y sermones pastorales. Si bien la reconocen como el
vientre que portó al Salvador, dejan de considerarle los grandes
atributos propios de su santidad virginal.
¿Será que están en lo cierto los hermanos separados
al asumir esta posición?
Revisemos algunos textos de las Sagradas Escrituras y de la Tradición de
los primeros siglos del cristianismo. No olvidemos que a partir de 1517
nace propiamente el Protestantismo.
Es un hecho incontrastable que María está presente en casi todos los
eventos importantes de la vida de Jesús, tal cual aparece en los
escritos de los Evangelistas: su concepción (Lc.1,2), su desarrollo en
el vientre, incluyendo el desarrollo fetal de Juan el Bautista (Lc.
1,43), su nacimiento (Lc. 2,7). su presentación y entrega a Dios (Lc.
2,22), su infancia (Lc.2,22-38). Su confirmación a los 12 años (Lc.
2,49), el comienzo de su ministerio público y el primero de sus
milagros, que Ella misma promovió (Las Bodas de Caná, Jn. 2,3). Su
muerte en el Calvario (Jn. 19,26) y el nacimiento de la Iglesia en
Pentecostés (Hech. 1,14).
A partir de la venida del Espíritu Santo sobre el Colegio Apostólico, la
Iglesia primitiva, observa una actitud reverente y especial para con la
Madre de Dios, tal como podemos apreciar en una corta selección de
Padres de la Iglesia que tratan sobre el tema.
Así a finales del siglo I, San Ignacio de Antioquía es el primero en
escribir sobre la Virgen al defender la realidad humana de Cristo, quien
pertenece a al estirpe de David, por nacer verdaderamente de María
Virgen. Fue concebido y engendrado por Santa María, y declara que esta
concepción fue virginal, y que esta virginidad pertenece a uno de esos
misterios ocultos en el silencio de Dios.
En San Justino (S II) la reflexión mariana aparece remitida a Gen 3, 15
y ligada al paralelismo antitético de Eva-María. Justino insiste en la
verdad de la naturaleza humana de Cristo y, en consecuencia, en la
realidad de la maternidad de Santa María sobre Jesús y, al igual que San
Ignacio de Antioquía, recalca la verdad de la concepción virginal, e
incorpora el paralelismo Eva-María a su argumentación teológica.
San Ireneo de Lyon ( S II y III), en un ambiente polémico contra los
gnósticos y docetas, insiste en la realidad corporal de Cristo, y en la
verdad de su generación en las entrañas de María. Hace, además, de la
maternidad divina una de las bases de su cristología: es la naturaleza
humana asumida por el Hijo de Dios en el seno de María la que hace
posible que la muerte redentora de Jesús alcance a todo el género
humano. Destaca también el papel maternal de Santa María en su relación
con el nuevo Adán, y en su cooperación con el Redentor.
Podríamos mencionar a muchísimos otros Santos Padres de linicios de la
Iglesia, tales como Tertuliano, Orígenes, San Efrén, San Atanasio, San
Basilio, San Agustín, etc. hasta llegar al año 431, cuando el Concilio
de Éfeso define como dogma de fe la verdad de la maternidad divina,
declarando que es parte de la fe de todos los cristianos de que María es
Madre de Dios. Negar que María es madre de Dios es negar que el Verbo se
hizo hombre, es negar la Encarnación de Dios Hijo.
A inicios del siglo II, anterior a esta definición dogmática,
encontramos a una de las oraciones marianas más antiguas, si no la más
antigua, que rezaban y continuamos rezando los cristianos para solicitar
la intercesión de María: "Sub tuum praesidium" (Bajo tu protección nos
acogemos, Santa Madre de Dios: no desprecies las súplicas que te
dirigimos en nuestra necesidad, antes bien, sálvanos siempre de todos
los peligros, Virgen gloriosa y bendita), oración que manifiesta el
claro reconocimiento de la dignidad de María en su virginidad y en su
maternidad divina. Y de la preclara posición que ocupaba entre los
creyentes.
A partir del siglo VI, los Santos Padres que ponen fin al período
patrístico, profundizan más sobre las prerrogativas marianas en conexión
con el desarrollo de la afirmación de la maternidad divina y de la total
santidad de Santa María, y tocan concretamente temas relativos a la
Dormición, a la Asunción de la Virgen, a la total ausencia de pecado
(incluido el pecado original) en Ella, o a su cometido de Mediadora y
Reina.
El pensamiento teológico va desarrollándose paulatinamente hasta llegar
a la elaboración teológica de la Escolástica. Los autores escolásticos
buscaron -basados en esos datos de la tradición y del magisterio - una
inteligencia de la fe. Santo Tomás de Aquino, (siglo XIII), es el máximo
exponente de esa teología.
Su pensamiento puede ser sintetizado de la siguiente manera: Tanto la
maternidad divina y la unicidad de persona en Cristo están estrechamente
unidos. Lo que Cristo asume es una humanidad concreta, que ha sido
concebida virginalmente por María, es decir, el verbo es Dios y hombre
en el mismo momento de la concepción virginal. En otras palabras,
conforme al Credo que profesamos los domingos, Jesús es verdadero Dios y
verdadero hombre que nació de Santa María Virgen.
En este contexto teológico, cristológico y mariano, aparecen en el siglo
XVI, los reformistas religiosos, Martín Lutero, Juan Calvino, Ulderico
Zuinglio y Heinrich Bulinger.
Sin embargo, la impresión general que dan nuestros hermanos separados
hoy, es que Lutero, iniciador del protestantismo y los otros seguidores
no reconocían el papel único que desempeñó y desempeña la Virgen María
en la obra salvífica de Nuestro Redentor. Por supuesto, están totalmente
equivocados.
He escogido algunos apartes de algunos sermones de Lutero, ya separado
de la Iglesia, que dan suficiente luz sobre el tema: María es) “la mujer
más encumbrada y la joya más noble de la cristiandad después de
Cristo...ella es la nobleza, sabiduría y santidad personificadas. Nunca
podremos honrarla lo suficiente. Aún cuando ese honor y alabanza debe
serle dado en un modo que no falte a Cristo ni a las Escrituras”.
(Sermón, Navidad 1531).
Qué les parece este tomado de su sermón de Navidad de 1529: “ María es
la Madre de Jesús y Madre de todos nosotros aunque Cristo solamente fue
quien reposó en su regazo...Si Él es nuestro, debiéramos estar en su
lugar; ya que donde Él está debemos estar también nosotros y todo lo que
Él tiene debe ser nuestro, y su madre es también nuestra madre “.
De hecho, Lutero reconoce la virginidad de María: «Al igual que la
madera, no tuvo otro mérito que el de estar preservada por Dios y ser
apta para la cruz, así María no tiene otra dignidad que la de estar
preservada divinamente y ser apta para ser Madre de Dios» (Explicación
del Magnificat, 1521).
En septiembre de 1522, Zuinglio realizó una fuerte defensa de la
virginidad perpetua de María Madre de Cristo explicando que para negar
que María permaneció "inviolada" antes, durante y después de dar a luz a
su Hijo habría que dudar de la omnipotencia de Dios...y sería correcto y
beneficioso repetir el saludo angelical -no oración- "Ave María"...Dios
estimó a María por sobre todas las creaturas, incluyendo los ángeles y
santos, es su pureza, inocencia e invencible fe lo que el género humano
debiera seguir.
Es cierto que existen discrepancias teológicas entre el pensamiento
protestante y el católico, pero lo que no saben o no desean aceptar
nuestros hermanos separados cuántas son las riquezas espirituales que
dejan de percibir para enriquecer sus vidas al dar la espalda a María, a
la Theotokos, es decir, a la Madre de Dios.
Ella es la que nos enseña y acompaña con su actitud de total obediencia
al Plan de Dios desde los inicios de la Iglesia a continuar nuestro
peregrinar hacia el Padre, tal cual, lo expone el capítulo primero de
los Hechos de los Apóstoles: «Todos ellos perseveraban en la oración,
con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre
de Jesús.
A Jesús por María.
Floreal R. Garrido V.
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