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RECORDAR ES VIVIR
Veinte años de un servicio especial a la Tercera Edad
Una conversación con la
Hermana Gerry

Manuelita Núñez C. -
manu@panoramacatolico.com
Hace veinte años llegó a Panamá una religiosa norteamericana, miembro de
la Congregación de Maryknoll para trabajar en la Arquidiócesis de
Panamá: la Hermana Geraldine Brake, a quien conocemos como la Hermana
Gerry. Su dedicación y entrega gozosa al servicio de personas de la
Tercera Edad y de enfermos le ha ganado el cariño, reconocimiento y
gratitud de la Iglesia Panameña y de todos cuantos hemos tenido el
privilegio de conocerla, pero de manera especial, de aquellos que han
gozado de su bondadosa presencia y de sus cuidados maternales, los
residentes del Hogar de Ancianos Brisas del Mar, ahora llamado
Residencia Nueva Vida.
Gerry recuerda así su llegada: “El 2 de enero de 1989 llegué a Panamá
como Hermana de Maryknoll, congregación que tiene el carisma de ser
misioneros. Yo fui designada a apoyar a la Hna. Jennifer McDonald en su
trabajo en la Arquidiócesis en el departamento de Vocaciones. De un
trabajo como Maestra de Novicias de Maryknoll durante seis años, pasé a
hacer otro apostolado. Jennifer fue la mejor maestra para orientarme,
abrirme las puertas en la Arquidiócesis, especialmente con Mons. Marcos
McGrath. Recuerdo bien tantas reuniones en las que participé con él y el
grupo de los diferentes directores de departamentos. Ese primer año fue
algo interesante para conocer la historia, ya que era un momento
crítico, de mucha tensión en Panamá por los sucesos que se estaban
viviendo”.
Pasada la invasión, supimos que ella estaba al frente de un grupo de
ancianos que habían sido afectados por el bombardeo en El Chorillo. Le
preguntamos cómo había sido esto.
“Comencé el 21 de diciembre. Como yo vivía en comunidad en Balboa, al
momento de la invasión era lógico que después de ésta nosotros
saliéramos a apoyar los damnificados del Chorrillo, que estaban en
nuestro vecindario; así las hermanas fuimos al colegio, refugio para los
damnificados, y entre ellos el grupo más necesitado era el de los
ancianos enfermos. Y así yo comencé a asistir, a estar presente, a
ofrecer lo que era necesario”.
Estas personas que habían perdido sus hogares y pertenencias el 20 de
diciembre fueron ubicadas en el antiguo pabellón de ingeniería militar
de las Fuerzas de Defensa, que pasó a convertirse en una especie de
clínica-hogar, con 90 ancianos, 60 mujeres y 30 hombres, donde se les
brindaba atención médica y apoyo emocional a través del Ministerio de
Salud y asistencia material a través de la ayuda voluntaria de panameños
y de norteamericanos, de las iglesias y el Comité Ecuménico, y el apoyo
de muchos grupos de la comunidad como, los jóvenes del movimiento de los
Focolares, Cáritas, y feligreses de La Caleta y Guadalupe”.
Ese periodo fue para ella algo difícil de olvidar: “Uno puede ver cómo
cuando existe la buena voluntad, se puede ayudar; fue una experiencia
inolvidable, la que nos impulsó a crear otro ambiente más permanente.
Monseñor McGrath, tuvo esa visión y con ese ánimo hizo una invitación a
una reunión en Atlapa, para la formación de un Patronato del Hogar de la
Tercera Edad de Palo Seco.
Gerry recuerda “cómo respondió tanta gente, por ejemplo Teresita de
Arias, quien en ese momento tenía la posibilidad, con su esposo que era
el Vicepresidente; también el Comité Ecuménico, empresas privadas,
clubes cívicos, y tantas otras personas, como Eleonora de Morales,
quienes dieron su apoyo a la creación de la Fundación Nueva Vida.
Vinieron los planes, las reuniones, con el espíritu de que cada uno
quería dar algo.
“Era importante dar un nombre a esa nueva creación, y salió la idea de
la mariposa, nueva vida, con el propósito de que como en la metamorfosis
de la mariposa, que llega a la plenitud, así sería la fundación. Dar una
nueva vida, la plenitud para todos los señores que iban a vivir en
comunidad, con el lema “Dios es Amor”. Y la idea se debe a un grupo de
jóvenes del movimiento de los Focolares, quienes llegaron con el deseo
de ayudar y preguntaron qué podían hacer, y les encomendamos hacer la
decoración de una pared, y como era el día de San Valentín, pintaron
corazones de todo tamaño y en medio pusieron DIOS ES AMOR, y ese ha sido
el lema. Esa fue la inspiración, la base con que se comenzó. Y la
mariposa ha quedado como un símbolo de que en la vida humana todos
pasamos esa época en que llegamos a la plenitud.
De Albrook se pasó a Palo Seco, donde las hermanas de Maryknoll habían
trabajado por años, como uno de sus apostolados. “Para mí como hermana
de Maryknoll era regresar a un sitio donde había la historia de la
presencia de Maryknoll; fue como una continuación de esa presencia. El
Dr. José Trinidad Castillero, quien era el Ministro de Salud, abrió la
posibilidad de Palo Seco. Tanto el Ministerio como la Fundación trataron
de mejorar este hospital, que se convirtió en una combinación de
hospital Palo Seco y residencia de ancianos Brisas del Mar. El
Ministerio de Salud y la Fundación Nueva Vida firmaron un convenio para
convertir el Hospital de Palo Seco en un hogar para los ancianos y el 10
de abril de 1991 se llevó a cabo la bendición del lugar.
A nuestra memoria vino el recuerdo de las instalaciones, la vista
maravillosa sobre el Pacífico, y a algunos residentes como el Padre
Thomas Byrnes, un sacerdote vicentino modelo, quien vivió en esta
comunidad donde se hacía de la vida diaria un don de Dios, brindado
atención espiritual y humana a sus compañeros de comunidad, y
haciéndoles posible gozar ese periodo de su vida en una forma más
humana, y amorosa.
Luego de grandes esfuerzos se logró hacer mejoras de la Residencia,
inaugurándose la remodelación de el 29 de julio de 1993. Así describía
una anciana residente, Alicia de Barranco ese lugar: “Brisas del Mar,
pedacito del cielo en el Istmo panameño, es un regalo hermoso de la
naturaleza por sus múltiples bellezas naturales y lo que brinda a sus
residentes. El cielo azul, limpio, lleno de nubes como algodones
flotantes que se dejan llevar por el viento formando figuras caprichosas
que ayudan a la imaginación a vivir soñando. El mar majestuoso, profundo
con el vaivén de sus olas nos invita a dormir tranquilos. La naturaleza
pródiga en todas sus formas cubre hectáreas de árboles tropicales, palos
de mango, aguacate y limoneros. El parque con sus banquitas y jardines
alegres llenos de veraneras de todos colores acompañados de árboles
gigantes que con fuerza y señorío parecen decirnos, somos los
guardianes: a vivir y soñar tranquilos...” Pero llegó el momento de
dejar ese pedazo de paraíso. Un proyecto turístico reemplazaría esta
obra tan meritoria.
“En 1999 un directivo de la ARI se nos acercó y dijo que tendríamos que
mudarnos, y en diálogo con el entonces director Dr. Nicolás Ardito
Barletta, nos dijo que iba a buscar un lugar igual o mejor, y surge así
el lugar en Howard, y nos trasladamos el 12 de febrero, cumpleaños del
P.. Tomás Byrnes y Mons. McFrath vino personalmente para bendecir el
lugar, y felicitar al P. Tomás en su día de cumpleaños. Pasamos los 60
ancianos a las instalaciones de Howard y Monseñor vino en silla de
ruedas e hizo la bendición. El fue el instrumento de Dios, y quiso estar
ese día; nunca puedo olvidar esto, era la continuación de la fundación.
Y ya llevamos 9 años en ese sitio, con la ayuda del Ministerio de Obras
Públicas...Si no hubiera sido por esta institución habría sido imposible
hacer la capilla, la cripta que acabamos de inaugurar, las mejoras en el
edificio, el bunker, que ahora es un pabellón para ancianos de más
cuidado. También su ayuda fue necesaria para instalar el elevador, en
tiempo de la Presidenta Moscoso, sueño realizado por la generosidad de
la Fundación Bobby y Dora Motta el 16 de mayo de 2006. Todo esto se ha
realizado gracias a la ayuda del gobierno, empresas y personas
particulares quienes han hecho posible las mejoras.
Algo muy importante es que tanto en el edificio principal como en el
bunker está la presencia del Santísimo, un lugar sagrado y un refugio
espiritual para todas estas personas. La parte humana y la orientación
espiritual es muy importante para la vida comunitaria, así como el
contacto con las personas que vienen a acompañarlos. “Además de la
orientación espiritual, las misas, todas las recreaciones que hacemos,
las actividades como bingo, dominós, tenemos un grupo de los jueves que
llega al bingo; de la parroquia de Guadalupe vienen los segundos
miércoles del mes; los grupos de jóvenes que hacen aquí su servicio, y
no sabemos quiénes gozan más si ellos o la comunidad. Es increíble ese
intercambio de personas de diferentes realidades, diferentes
religiones”. Actualmente hay 80 ancianos, mantenemos más o menos ese
número. Tenemos una gran porción que pasan la edad de 90 años; tenemos;
una acaba de morir con 103, su hermana está llegando a los 100".
Un episodio muy hermoso ha sido recordar la gratitud y amistad de las
dos casas de oración, el Monasterio de la Visitación y la Fundación
Nueva Vida. "Ha sido una relación de amistad y solidaridad todos estos
años, desde el principio; ellas rezando y apoyado y nosotros en un
momento dado quisimos apoyarlas en su necesidad de conseguir máquinas
para hacer hostias, y así la Divina Providencia hizo el milagro y se
pudo conseguir y realizar lo que ellas necesitaban. Recordar es vivir, y
hay que recordar esa experiencia de solidaridad vivida con las Hermanas
de la Visitación.
"Pensando en esa plenitud, como miembro de esta congregación de
Maryknoll, de nuestra comunidad, hace dos años cuando celebramos la
muerte de nuestra fundadora María José, pensamos mucho y en serio sobre
este carisma que es nuestro dentro de la Iglesia que y veíamos la forma
en que Dios nos pone como instrumentos en la Iglesia de Panamá; y para
mí era sentirme parte de la Arquidiócesis, comenzando en el tiempo de
Monseñor McGrath que inició, continuando con el apoyo de Monseñor Cedeño
igual, siguió la posibilidad que la fundación podía crecer, con el apoyo
de la Iglesia; a pesar de que la Fundación es privada la directiva, es
apoyada por la Arquidiócesis y por las hermanas de Maryknoll. Yo he sido
un instrumento en representación de Jesús, la Iglesia y Maryknoll. Ha
sido un privilegio haber sido miembro de nuestra comunidad aquí. Hemos
estado unidas en la misión y he podido ver cómo ha crecido la Iglesia de
Panamá. Ahora, me toca una nueva misión de ayudar a cuidar nuestras
propias hermanas en la casa madre de Nueva York. Saliendo de Panamá con
un corazón lleno de gratitud a Dios, al pueblo panameño, la Iglesia y la
Congregación de Maryknoll deseo agradecer por la oportunidad que se me
ha dado aquí en Panamá en esa escuela que ha sido Nueva Vida”.
Vea
la segunda parte aquí
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