Editorial
3 de mayo
Nos abocamos en esta fecha a renovar las autoridades
de la república, con la firme esperanza que nuestro pueblo demostrará su
civismo y su vocación histórica de concordia y fraternidad; todo esto
exigencia moral para cada ciudadano y, también, para la sociedad
política panameña.
El camino de la democracia implica, en su dura marcha, mantener el paso
firme en el sendero del respeto a la voluntad popular, a las ideas del
contrario, y a los principios y valores sobre los que se forjó la
nación. Desviarse de esa ruta supone, entre otras cosas, la traición a
los ideales que dieron vida a la nación, y el desprecio a las virtudes
que sustentan la conciencia de todo hombre y mujer que se considere ser
humano a plenitud.
Lo que hemos pedido con insistencia en los largos meses que ha durado
esta campaña política, lo reiteramos: que haya paz y concordia entre
todos los electores, que los líderes de los partidos den el ejemplo de
civismo y tolerancia que se espera de ellos y sus seguidores, y que
podamos tener una jornada electoral civilizada y ejemplar en todo
sentido.
Que nada empañe esta jornada del 3 de mayo, en lo que respecta a la obra
y el comportamiento humanos. Que los triunfadores acepten con humildad
el mandato que les da el pueblo, y que los perdedores reconozcan el
resultado electoral con hidalguía y valentía. Eso anhelamos y eso
esperamos de nuestra clase política, como primer compromiso electoral a
cumplir.
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