A TIRO DE PIEDRA
Libertad de prensa
El 3 de mayo de 1991 un
grupo de periodistas africanos que participaban de un seminario
auspiciado por la UNESCO, en Windhoek, capital de Namibia, promulgó una
declaración a favor de la libertad de prensa y de la liberación de
decenas de periodistas encarcelados en África, y propusieron la creación
del Día Mundial de la Libertad de Prensa, acogido dos años después por
la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Recuerdo que ese mismo año de 1993, recién aprobado el día mundial,
conversaba con Indalecio Rodríguez, antiguo profesor mío de periodismo,
amigo, y uno de mis maestros en este oficio, sobre el acontecimiento de
Windhoek y la decisión de la ONU. A la sazón me desempeñaba como
presidente de la Asociación de Comunicadores Católicos, y decidí
celebrar la fecha con algunos periodistas. Lo hice por algunos cortos
años, hasta que, en una conversación con el colega y amigo Fernán
Molinos, siendo él presidente del Forum de Periodistas, y yo, por
entonces, presidente del Colegio Nacional de Periodistas, acordamos
celebrar en fechas distintas la premiación anual de los periodistas del
patio. Yo le sugerí la fecha del 3 de mayo, y el Colegio Nacional de
Periodistas se quedó con la del 13 de noviembre, Día del Periodista en
Panamá. Así cobró más realce la fecha del 3 de mayo en nuestro país.
Como tenemos elecciones generales el día 3 de este mes, la fecha quizá
pase desapercibida para muchos. Para otros, sin embargo, no será así. El
acontecimiento de Windhoek tiene, al menos, tres aspectos claros:
defensa de la libertad de prensa; defensa de la vida y del ejercicio
libre de la profesión periodística; y la independencia del periodismo
frente a la injerencia gubernamental y el poder económico que intentan
someter y controlar a los medios de comunicación.
La declaración de Windhoek expresa el sentir de cada periodista que ama
su profesión. No se limita al poder de los gobiernos, sino que rechaza,
también, el poder del capital privado que manipula y controla la
información y los medios. Es un instrumento hecho por periodistas
africanos, que representan, principalmente, a los periodistas del tercer
mundo, donde el riesgo de ejercer la profesión es mayor, tanto en la
propia vida como en la estabilidad laboral.
Si queremos una prensa libre tenemos, forzosamente, que defender el
equilibrio que debe existir entre los poderes político y económico
frente al derecho a la información y el ejercicio de un periodismo
libre. Es necesario que se permita la asociación de los periodistas,
principalmente en sindicatos, para evitar que el poder económico
manipule la información a su antojo. Bastante hemos avanzado en la
defensa de la libertad de prensa, pero mayormente favorece a los
propietarios de los medios. Falta la otra parte, con la que aún estamos
en mora. Sin periodistas libres, no habrá, nunca, prensa libre.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
Volver |