La Voz del Pastor

Mons. José Luis Lacunza M., o.a.r.
Obispo de la Diócesis de David
La
Pascua
Panorama Católico me ha solicitado la colaboración
sobre la Pascua. Tratando de hacer algo a la vez comprensible y técnico,
he acomodado unas anotaciones del liturgista y pastoralista Casiano
Floristán que creo pueden servirles para entender mejor la que León I
llamaba la fiesta de las fiestas (festum festorum).
a) La Pascua judía: Las fiestas principales judías eran Pascua,
Pentecostés y Tabernáculos, cuya celebración se basaba en
acontecimientos anualmente esperados por agricultores y ganaderos,
relacionados desde siempre con Dios y, más tarde, con algunos hechos
salvíficos históricos. De estas tres fiestas, la de Pascua era la más
antigua e importante. Recordemos que la palabra griega pascha (en
castellano pascua) es traducción del arameo phasha y del hebreo pesah,
que significan «paso» o «tránsito». Así se emplea en el evangelio de San
Juan (13,1): «Habiendo llegado la hora de pasar de este mundo al
Padre...». Naturalmente, no se trata de un «paso» entendido simplemente
como cambio de lugar, sino, más bien, como transformación de la
existencia, es decir, existir de un modo nuevo.
En Pascua florecían las primeras espigas, con cuya harina se obtenían
los panes ázimos, es decir, los panes sin la levadura vieja
perteneciente a la cosecha anterior. La noche pascual tuvo su origen en
la luna llena de primavera, momento en que los pastores se despedían con
una comida (cordero, hierbas amargas, pan ázimo), dispuestos a cambiar
de lugar de pastos (vestido ceñido, sandalias y bastón). Precisamente
cuando los judíos preparaban sus panes ázimos para ofrecerlos a Yahvé,
tuvo lugar el paso del ángel del Señor para salvar a su pueblo de la
esclavitud de Egipto, aproximadamente en el año 1250 antes de Cristo.
El acontecimiento del éxodo de Israel y su salida de Egipto hacia la
tierra prometida se conmemoró mediante la institución pascual o el
memorial de liberación: salida hacia la libertad, final de la antigua
existencia y donación de nueva vida. Celebrada por las tribus en su
lugar de asentamiento, la Pascua se restringió más tarde a Jerusalén y
al Templo, convertidos en lugares de peregrinación. En tiempos de Jesús,
la Pascua era la fiesta más importante de los judíos. Según Ex 12 y Dt
16, la Pascua es el «paso de Dios» para salvar a su pueblo de la
esclavitud y llevarlo a la libertad. Según una tradición judía, la
Pascua era asimismo aniversario de la creación.
El rito fundamental de la Pascua era la cena en familia o en
fraternidad, a base de cordero (signo de la compasión de Dios), pan
ázimo (miseria sufrida), hierbas amargas (esclavitud) y salsa roja
(trabajos forzados en Egipto). Se conmemoraba la liberación de la
servidumbre de Egipto, la alegría por la libertad adquirida y la espera
de la venida salvadora del Mesías. Las muchedumbres se agolpaban en
Jerusalén. Los padres de familia iban oportunamente al templo con su
correspondiente cordero para ser degollado en la parasceve (preparación)
por un sacerdote.
b) La Pascua de Cristo: El evangelio de Juan alude a tres pascuas que
vivió Cristo: la que coincide con la expulsión de los mercaderes (Jn
2,12-22), la que pone de relieve el tema del pan (Jn 6) y la de la
acogida triunfal de Jesús, coincidiendo con el día en que se escogían
los corderos pascuales (Jn 12ss), para manifestar que Jesús es el
verdadero «cordero de Dios que quita el pecado del mundo». La palabra
«pascua», en el NT, equivale a la fiesta de la Pascua o de los Ázimos, a
la cena pascual y al cordero pascual. La pasión de Jesús se desarrolla
en un contexto pascual, ya que en ese tiempo tuvo lugar la última cena
de Jesús, su prendimiento, su interrogatorio y su condena. Según los
sinópticos, Jesús fue condenado en la noche de Pascua y crucificado al
día siguiente. En cambio, según San Juan, todos estos acontecimientos
tuvieron lugar veinticuatro horas antes (Jn 18,28; 19,14), ya que Jesús
murió cuando se degollaban los corderos de Pascua, en la tarde del 14 de
Nisán. Los sinópticos ponen de relieve que la última cena es la Pascua
nueva y Juan acentúa que Jesús es el nuevo cordero.
Hoy se interpreta que la última cena de Jesús fue un banquete, con los
gestos del ritual judío de la comida, es decir, «bendición» del pan y
«acción de gracias» por el vino después de haber cenado. Los relatos de
la eucaristía omiten la descripción del ritual judío y ponen el énfasis
en esos dos gestos. Fue también cena de despedida de Jesús antes de la
entrega. Los cuatro relatos de la institución son adaptaciones
litúrgicas de las palabras y acciones de Jesús en la última cena. En
realidad no cuentan lo que Jesús hizo, sino cómo celebraban los primeros
cristianos y qué sentido tiene la eucaristía. Los cuatro relatos
coinciden en señalar lo que Jesús hizo y difieren en precisar lo que
dijo. Jesús se compara a sí mismo con el pan (cuerpo) y el vino
(sangre). Según la antropología semita, el hombre es «carne»; la sangre
era para los hebreos «sustancia de la vida». El término «cuerpo», en
contraste con «espíritu», se emplea para referirse a toda la persona y
está en conexión con el pan; la sangre apunta a la muerte violenta.
Los dos gestos judíos de Jesús en la última cena pascual manifiestan el
relieve eucarístico de la Pascua cristiana. Hay una bendición sobre el
pan y la copa; se ofrece el pan partido y la copa de vino, y se acompaña
esta entrega con palabras significativas y eficaces. Uno de estos
gestos, el de la fracción del pan, dará nombre a la eucaristía,
denominada por Pablo «Cena del Señor».
c) La Pascua cristiana: El domingo, día del Señor, fue fiesta pascual
semanal. Pero, aunque es posible que desde los primeros orígenes
cristianos hubiese una celebración pascual cada año, no es fácil
precisar cuándo se hizo el tránsito de la pascua se-manal a la pascua
anual. Algunos aseguran que, antes del año 50, se celebraba una vigilia
pascual en las Iglesias de Roma, Corinto, Asia Menor y Jerusalén. Son
me-ras hipótesis. Lo cierto es que, desde finales del siglo II, la
Pascua anual es la fiesta más importante de la Iglesia. Hubo en ese
siglo, con respecto a la celebración de la Pascua, dos corrientes que
originaron una tensa controversia. La corriente oriental defendía que la
Pascua debía celebrarse el Viernes Santo, al atardecer, con una
eucaristía. La corriente occidental pensaba que había de festejarse en
las primeras horas del domingo siguiente a ese viernes. A finales del
mencionado siglo, por decisión del papa Víctor, se impuso la tradición
romana, y empezó a celebrarse la Pascua el Domingo de Resurrección. El
concilio de Nicea del año 325 determinó que se celebrara el domingo
siguiente a la primera luna llena del equinocio de primavera en el
hemisferio norte (entre el 22 de marzo y el 25 de abril).
La razón de la importancia cristiana de la Pascua es obvia: la fe
cristiana es fe en la muerte y resurrección del Señor, o Pascua de
Cristo; por consiguiente, el misterio pascual es el centro del
cristianismo, de la Iglesia, de la acción pastoral y de la vida
espiritual cristiana. Por estas razones decimos que el bautismo es
sacramento de la fe o de la Pascua, y la eucaristía memorial pascual.
¡¡¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!!!
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