|


Un fiel de la Iglesia de La Merced, en el Casco Antiguo, levanta una
cruz hecha de pencas de palma, durante la misa de Domingo de Ramos. Foto
LAD/archivo.
La Cruz Gloriosa
Nuestra fe proclama la venida de Jesús al mundo, su
vida, pasión, muerte y resurrección, como el eje central de nuestra
salvación. Cristo, con su muerte en la cruz y, más aún, con su
resurrección gloriosa, nos redimió de todos nuestros pecados y nos
arrebató de la muerte. El misterio de la Cruz Gloriosa va más allá del
martirio, porque nos ganó la Vida Eterna y nos liberó de las ataduras
del demonio.
Cristo Jesús, al ser colgado del madero, lo convirtió en el árbol de la
salvación. Árbol cuyo profundo sentido está en la víctima inmolada, que
con su sangre derramada selló la alianza nueva y eterna que ha hecho el
Padre con todos los hombres. La cruz que levantamos hoy, nos recuerda
íntegro el misterio de nuestra fe. Y más que el signo exterior, nuestra
cruz verdadera está en aquella que llevamos cada día, aceptada con amor,
para ir en pos de Cristo, nuestro Señor y Redentor. Él, a semejanza de
la que llevó a cuestas, también glorifica nuestra cruz, en las promesas
de salvación y en la eternidad que con él compartiremos al final de los
tiempos.
Volver |