Editorial
Derroche y desperdicio
La enseñanza del divino maestro Jesús nos dice que
quien tenga dos mantos, debe regalar el segundo al que no tiene. Esto
quiere decir que ni acumulemos ociosamente, acaparemos, ni dejemos pasar
necesidad al débil que está a nuestro lado. Esta solidaridad, esencial
para la convivencia humana, nos puede ayudar a construir un mundo mejor,
o a convertirlo en un infierno.
Dos acontecimientos llaman nuestra atención, en estos días: los más de
mil millones de balboas derrochados en juegos de azar, y los miles de
litros de leche desperdiciados en una protesta callejera de los
productores. Con tanta pobreza y desnutrición en el país, duele tanto
derroche y desperdicio. Los apostadores, bajo el pretexto de la libertad
de hacer con su dinero lo que quieren, y algunos productores, invocando
su derecho de reclamar la compra de su producto, nos demuestran que el
sistema de valores de la sociedad está trastocado.
En plena Cuaresma, cuando la Iglesia nos llama a la oración, al ayuno, a
la penitencia, y a dar limosna, ese cuadro golpea hasta lo más recóndito
de nuestras conciencias. No se trata de negar el derecho del que tiene
sus bienes y su libertad de disponer de ellos; se trata, mas bien, de
abrir los ojos al individualismo que nos corroe, y que adultera nuestra
propia humanidad.
Quiera Dios que estos hechos, en alguna medida, toquen nuestra razón y
nuestro corazón, y nos ayuden a reflexionar en qué tipo de sociedad
tenemos, para que podamos construir la sociedad justa y fraterna que
queremos.
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