A TIRO DE PIEDRA
Jubilados y pensionados
El 31 de marzo se celebra el
Día del Jubilado y del Pensionado, para rendir tributo a quienes
aportaron a la sociedad y al país con su trabajo y su esfuerzo
productivo. Llegar a viejo, en otro tiempo, era un honor; hoy es una
maldición. Nadie quiere ser viejo, y nadie quiere al viejo.
Tanto en Panamá como en el resto de los países del tercer mundo, la
jubilación y la pensión son insuficientes. Aún en los del llamado primer
mundo, igual es. Aunque allá existen planes sociales y leyes que ayudan
a sobrellevar las estrecheces económicas de la tercera edad. Aquí, en
cambio, hasta se les prohíbe trabajar, y hasta quieren obligar a estas
personas a renunciar a su trabajo para poder pagarles la jubilación a la
que tienen derecho.
La mayoría de los pensionados y jubilados del país recibe emolumentos
por debajo del salario mínimo de la profesión o el oficio que sirvió
para su cotización. Caen en manos de agiotistas disfrazados de
empresarios financieros, y en las garras de familiares que cogen al
viejo como fuente de ingresos. Esa situación debe cambiar, a través de
la educación al trabajador. La preparación para la vida de jubilado o
pensionado debe empezar desde la es-cuela, y hacerla más fuerte durante
el periodo laboral de la persona.
Si sabemos que la jubilación o la pensión no alcanzará, el estado puede
crear programas de capitalización para esos fines. Uno de los puntos
fuertes sería la emisión de bonos, para que la persona pueda invertir.
Desafortunadamente, el sistema de bonos estatales apunta al gran
capital, enriqueciendo a los que más tienen. Una parte del monto de los
bonos, en cada emisión, debería destinarse a las personas que quieran
ahorrar para su jubilación. Los bonos podrían ser de baja denominación,
desde 25 hasta 100 balboas, para ponerlos al alcance popular.
Otra forma de capitalización popular, con miras al complemento de la
jubilación, podría ser la venta de acciones de empresas estatales, o de
empresas que se manejen con seriedad y quieran dedicar un porcentaje
pequeño de su paquete accionario (no mayor del 10%), para promover el
ahorro popular. Esto, por supuesto, se enmarcaría en el principio de la
responsabilidad social empresarial. No se haría ningún daño, porque
ayudaría a las empresas a capitalizarse, y a la población a tener un
ingreso invirtiendo en el desarrollo de la actividad empresarial del
patio.
Nuestro país podría ser modelo para otros, si acordáramos crear un plan
de desarrollo social semejante. Poniendo más dinero en el bolsillo de
los jubilados y pensionados, mejoraríamos su nivel de calidad de vida, y
pondríamos más dinero a circular en el mercado interno.
¿Cómo lo haríamos? Convocando un diálogo nacional al estilo del que
hicimos en los 1990 en Coronado y, sobre todo, poniéndolo en ejecución y
no dejarlo dormir en las páginas de un informe que sería alabado en su
presentación y olvidado en una gaveta. ¡Felicidades a los jubilados y
pensionados en su día!
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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