Editorial
Tiempo de Conversión
Iniciamos el itinerario cuaresmal como preparación
para la fiesta pascual, en la que conmemoraremos la resurrección
gloriosa de nuestro Señor Jesucristo. Es una preparación interior, que
no exterior, en la que nuestro espíritu y nuestra alma se disponen a
recibir al Señor, para hacernos uno con Cristo y Cristo uno con
nosotros.
Durante este tiempo la Iglesia nos pide practicar la conversión, la
oración, el ayuno, y la limosna. Estas actitudes deben ser constantes;
cada día, sin desmayar, según la enseñanza de la Iglesia. Reconocer
nuestras faltas y debilidades, reparar el daño causado, actuar con
caridad hacia el hermano, privarnos del alimento o la comodidad,
momentáneamente, para mortificar el cuerpo y hacernos solidarios con los
desposeídos, son los sacrificios que pide el Señor. Es darnos nosotros,
más que las ofrendas materiales.
Estamos en el tiempo propicio y debemos aprovecharlo. Tengamos fe y
esperanza en las promesas del Señor, y encontraremos la paz y la
felicidad; no como las promete el mundo, sino a la manera de Dios. Lo
que es necedad para el mundo, es sabiduría para el Creador; lo que el
mundo tiene por fuerte, es debilidad ante el poder del Altísimo.
Busquemos el reino de Dios primero, y todo lo demás se nos dará por
añadidura. Estemos alerta en todo momento, para que no nos sorprenda el
día del Señor dormidos o descuidados. Uno es el camino de salvación,
Cristo Jesús, y para poder seguirlo es preciso tomar nuestra cruz de
cada día. Si así actuamos, la corona de gloria nos será entregada al
final de nuestros días.
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