A TIRO DE PIEDRA
La recta final
Faltan dos meses para las
elecciones generales de mayo, y se espera que los equipos de campaña
suelten todo lo que tienen, para asegurarse el triunfo de sus
candidatos. Larga ha sido esta contienda, pero parece dejar más pérdida
que ganancia para los contendores. Mientras, el pueblo sufre y decide
castigar, con su voto, a quienes lo han defraudado.
Nuestro sistema político está desgastado, porque se aleja del
funcionamiento actual de la sociedad. Hoy se requiere la consulta
permanente de la comunidad, para tomar decisiones sobre asuntos que
otrora eran de competencia exclusiva de los gobernantes. La democracia
actual incluye al ciudadano en la toma de decisiones, pero el sistema
vigente en nuestro país lo excluye, a pesar de algunas consultas que, en
su mayoría, apenas pasan el límite de la mera opinión de los asociados.
Ejemplos vemos en los asuntos ambientales, el transporte colectivo, el
urbanismo, la salud, y los servicios públicos.
Si analizamos el sistema electoral, nos damos cuenta que poco caso se le
hace al ciudadano. El Código Electoral lo imponen los partidos, porque
al resto de la sociedad sólo se le reconoce como observadora. ¿Acaso no
somos los ciudadanos quienes elegimos las autoridades? ¿Por qué en ese
asunto sólo debemos tener voz y no voto? Lo ideal sería que toda
decisión sobre el sufragio y los asuntos electorales se sometiera a
referéndum; así sería verdaderamente democrático.
Resulta dañino que al ciudadano se le confine a votar cada cinco años
por sus autoridades, cuando podría hacerlo con más frecuencia, y así
cambiar la relación de poder si los gobernantes hacen un mal trabajo.
Pero, no. Aquí tenemos que calarnos el lustro entero a los malos y a los
buenos, que, por desgracia, son los menos. Las reglas deben cambiar,
para bien de la democracia y de la nación.
Las pocas semanas que faltan para elegir al presidente, los alcaldes,
los diputados y los concejales, constituyen la recta final de esta
campaña electoral. Los partidos marcharán a todo vapor, en la ardua
lucha por el poder. El bienestar del pueblo, una vez más, quedará en las
promesas electorales y a cuenta, mayor-mente, del mismo pueblo. A no ser
por la construcción de costosas obras públicas, se podría decir que la
mejor calidad de vida es cosa de cada uno, más que de los programas de
desarrollo nacional y ejecutorias de los partidos políticos.
Mucho nos falta por ver en estos dos últimos meses de trajín electoral.
Mucha saturación de espacios publicitarios en los medios, de
contaminación visual con pancartas y vallas propagandísticas, de
insultos y ofensas para debilitar al adversario, y de lucha callejera
por cada voto. Así es nuestra cultura política, que no supera lo
electorero. Y en esta ocasión, al menos post invasión, es el peor
proceso electoral que he visto, y los peores candidatos que se han
postulado para el solio presidencial.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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