A TIRO DE PIEDRA
Carnaval oficial
Los fondos públicos que
recibe la Junta de Carnaval podrían tener mejor uso, si se canalizaran
hacia el desarrollo del turismo interno y externo, y se destinaran a
cosas mejores que a pagar artistas y orquestas costosas que se llevan
mucho y poco dejan.
Desde hace años escuchamos aquello del Carnaval oficial, para saber si
el gobierno afloja la plata o no. Antes de la vorágine actual, que
patrocina tarimas que deben costear otros bolsillos, era debate de
opinión si la fiesta del rey Momo era oficial o no. En la actualidad, el
tema poco polvo levanta, a no ser el ataque político sobre el dinero que
se dispensa para los gastos carnavalescos, y que, indistintamente, todos
los gobernantes, hasta la fecha, han criticado antes de subir al poder y
usado la misma práctica al llegar al gobierno.
Si queremos sacarle provecho económico al Carnaval, como ocurre en
Brasil, o cuando algún país organiza las Olimpíadas o el Mundial de
Fútbol, tenemos que diseñar una estructura con ése fin. Lo primero sería
crear un estatuto o ley marco, para regular la celebración de fiestas
populares. Eso incluiría, además del Carnaval, las ferias y festivales
que se realizan a lo largo del año en el país. Se exigiría ciertos
requisitos, para el apoyo oficial y el uso de los fondos que se asignen
para tal propósito.
Nuestro Carnaval no es ni la sombra de los de antaño. Las tarimas
“oficiales” acabaron con la celebración popular. Hay que acabar con esa
práctica malsana. Que la plata se reparta entre la capital y el
interior; que los artistas foráneos los traigan las empresas de
televisión, y que cada una monte su tarima a cuenta de sus
patrocinadores. Si no los traen ellas, que lo traigan los empresarios
del espectáculo, como debiera ser. El gasto de dinero estaría mejor
justificado, si se usara para los premios a las comparsas, los
disfraces, la promoción internacional, y la capacitación de los diversos
protagonistas que le dan sentido cultural y colorido a la fiesta
carnavalesca.
El Carnaval capitalino debe volver a la Vía España, porque es la ruta
más idónea. Es accesible, tiene hoteles, restaurantes, cajeros
automáticos, y otras facilidades. Pueden cerrarse algunas calles, para
ubicar los quioscos de venta de comida, procurando que sea comida típica
panameña y de las distintas minorías que conviven entre nosotros. Qué
bueno sería ver presentaciones folclóricas y encontrar comida
colombiana, peruana, española, italiana, india, china, y los platos
nuestros tan variados. Hay que romper la rutina del chorizo y la
hamburguesa, que poco arte o cultura autóctona culinario aportan.
Por allá por el interior, la eliminación de los carros cisternas en las
plazas de los pueblos es urgente. Bien pueden mandarlos a otra área,
para dejar las plazas centrales a la demostración de la cultura
lugareña. Si algo mató al Carnaval panameño, en todo el territorio
nacional, fue ese dúo asesino de la tarima bullanguera y chabacana, y
del carro cisterna, que malgastan millones de balboas y poco o nada de
edificante nos dejan.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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