LA VOZ DEL PASTOR

Mons. Fernando Torres Durán
Obispo de Chitré
Jóvenes, testigos de la esperanza
Bajo el lema: ¡«Jóvenes, testigos de la
esperanza», hemos sentido y vivido en Chitré, durante estos cuatro días
la presencia del Señor! El Espíritu del Señor, que nos ha congregado en
el discipulado, nos envía al testimonio y a la misión.
La “esperanza”, es una palabra clave, una palabra central de la fe
bíblica, hasta el punto de que en muchos pasajes las palabras « fe » y «
esperanza » parecen intercambiables.
La oración, la reflexión y las motivaciones para iniciar una vida nueva,
que han animado nuestro caminar, nos llaman a “salir con valentía,
convertidos, al Encuentro del Señor” desde nuestras realidades, aún
desde las más difíciles y hasta crueles. Porque: que “mi fuerza es el
Señor”. Estamos llamados a ser testigos consecuentes de la fe. En cada
etapa y momento de nuestra vida hemos de responder como cristianos.
El Santo Padre Benedicto XVI, nos enseña así “el discipulado de la
esperanza”:
“Un lugar primero y esencial de aprendizaje de la esperanza es la
oración. Cuando ya nadie me escucha, Dios sí me escucha. Cuando ya no
puedo hablar con ninguno, ni invocar a nadie, yo siempre puedo hablar
con Dios. Cuando ya no hay nadie que pueda ayudarme –cuando se trata de
una necesidad o de una expectativa que supera la capacidad humana de
esperar–, Dios sí puede ayudarme. Si me veo relegado, Dios siempre está
conmigo. El que reza nunca está solo. Dios está con él” (Spes Salvi 32.)
Una vez más, con devoción y afecto, hago referencia a las palabras que
el Santo Padre Juan Pablo II dirigió en el año de 2003 a nuestros
jóvenes congregados en Chitré. “La Iglesia les llama a ser sal y a ser
luz. Les llama a ser testigos y a transformar el mundo presente. Les
alienta a perseverar en el camino emprendido y a ser testigos audaces
del Evangelio de Jesús, respondiendo con un "sí" convencido y valiente
al llamado que Jesús hace a cada uno a seguirlo como apóstoles entre los
demás jóvenes”.
Jóvenes, la Iglesia les envía a ser apóstoles entre los jóvenes de
Panamá. La Iglesia les envía a Uds. a “ser testigos de la esperanza”. La
Iglesia les envía a ser misioneros de los jóvenes de nuestra Patria. La
Iglesia les envía a evangelizar a Panamá que es un País Joven con una
población mayoritariamente joven. La Iglesia les anima a comprometerse
en la construcción de un mundo fiel a Dios y les anima a comprometerse
en la edificación de una sociedad solidaria, justa y fraterna, que sea
más digna de] hombre y para el hombre.
Jóvenes, “testigos de la esperanza”, que construyamos el Panamá que
todos queremos y que todos merecemos. La Iglesia, espera de Ustedes una
generosa respuesta a la invitación de ser amigos de Jesús y amigos entre
sí de una forma auténtica, leal y desinteresada, siendo "alegres como
deben ser los jóvenes, pero también reflexivos, deseosos de oración, de
«sentido» y de amistad verdadera" (Novo millenio ineunte”)
María, estrella de la esperanza
“Tu, María, estuviste en la comunidad de los creyentes que en los días
después de la Ascensión oraban unánimes en espera del don del Espíritu
Santo (cf. Hch 1,14), que recibieron el día de Pentecostés. Santa María,
Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo.
Indícanos el camino hacia su reino. Estrella del mar, brilla sobre
nosotros y guíanos en nuestro camino”. (Spes Salvi 50.)
Queridos jóvenes, gracias por su presencia. Anuncien el Mensaje del
Señor con valentía en sus parroquias y en sus comunidades. Como
“testigos de la esperanza”, vayan y anuncien la “Buena Nueva” en el
nombre del Señor.
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