SIR GARY, El Caribe y la Disciplina

 

Charlie Del Cid

Dicen los sabios de este mundo que los caribeños somos gente muy fiestera. Nos gusta la música, ser extrovertidos, los carnavales, la rumba. Eso a veces nos hace superficiales, pero muy solidarios en situaciones de catástrofes. Salimos a la calle a celebrar los triunfos de nuestros atletas. Una compañera de trabajo nos contaba en tono de broma: “Yo era súper feliz cada vez que Durán ganaba una pelea y el General declaraba el día libre para ir al aeropuerto.”
Las competencias deportivas de cualquier índole, sobretodo aquellas en las que participan atletas del patio, son una perfecta excusa para reunirnos socialmente, tomarnos unos tragos delante de una pantalla gigante, acompañados de hermosas y exuberantes azafatas, corear a nuestros héroes. Las historias de pobreza y heroísmo de nuestros atletas son verdaderamente conmovedoras. Ya se ha dicho varias veces que tenemos los mejores atletas del mundo, quienes muchas veces tienen que sobreponerse a situaciones familiares y ambientales dificilísimas. Algunos logran triunfar y ganar sus reales. Para otros, el entorno, los amigotes, o los manzanillos, se les convierten en piedra de tropiezo. No pocas veces la dirigencia no acompaña la tarea de nuestros atletas.
Lo más lejos que llegué en el deporte de alto nivel fue al Estadio Juan Demóstenes Arosemena. Recuerdo que ese día nos enfrentamos al equipo de Chompipa, Bella Vista. Mi director me permitió comenzar en el jardín derecho. Usualmente yo era banca, eso si un tremendo Couch de tercera. Pero representar al Club Armofel era un gran mérito, y jugar en el Coloso de Cabo Verde inolvidable. Tuve amigos que eran atletas de alto nivel, llegaron al Campeonato Nacional. Algunos de ellos fueron vistos por los reclutadores. Tal vez pudieron haber llegado lejos, pero era otra época. Muchos no tenían la disciplina necesaria.
Tarde descubrí que lo mío era el fútbol. A los dieciocho, ya tarde para el fútbol, vi que tenía la fuerza de Romario, la precisión de Maradona y la disciplina de Maldini. Pero ya era un viejo. Ya de 30, en birrias parroquiales, era toda una estrella; los chiquillos de quince me ponían hasta triple cobertura. ¡Qué honor! Recuerdo que un día de esos me topé en la cancha con uno de los seleccionados de baloncesto de Panamá, en su tarde de alardear, y comenté con mis amigos: “la falta de disciplina; es el mal de los atletas panameños”.
Cuando un súper atleta se topa con un tremendo manejador o con unos segundas como Ray Arcel, Freddy Brown, Luis Spada, Florencio Asprilla, Fifi Tom y otros de su categoría, los deportistas pueden llegar lejos. Ese ha sido el factor Stempel. Muchos dicen que Sir Gary no es un gran estratega, sino un gran motivador. Nos ha llevado al Mundial juvenil, y con el segundo equipo, pues las Estrellas no podían venir con razón, pues cuidan sus salarios en los clubes-, que ha hecho que los panameños encuentren ocasión para fiestar. Todo por la santa disciplina. Ojalá los atletas, los artistas, los padres de familia, todos entendamos que sin sacrificio y disciplina no hay triunfo.

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