Los ancianos y los enfermos son las principales víctimas y los más vulnerables frente a los paros, huelgas y protestas que laceran los derechos humanos de los que son ajenos a la contienda.

El daño al inocente

El reconocimiento de los derechos humanos es un gran avance para la humanidad, tras siglos de lucha y denuncia en su favor. Lo que proclamaba la enseñanza judeo cristiana desde sus inicios, la cultura política del hombre lo reconoció plenamente después de 20 siglos, con la declaración de las Naciones Unidas.

Sin embargo, en los albores de este siglo XXI, algunas expresiones de reclamo de esos derechos, se olvidan de los derechos ajenos. Tal es el caso de la actual protesta salarial de un grupo de empleados públicos, que conculca el derecho a la salud, y, por ende, a la vida, de decenas de miles de personas que esperan tratamiento y alivio de sus enfermedades.

Ningún reclamo de un derecho puede ser lícito, al menos moralmente, si las acciones para conseguirlo dañan al inocente. Es tiempo de buscar formas novedosas de protestar y reclamar el propio derecho sin conculcar y desconocer el derecho de los demás.

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