A TIRO DE PIEDRA
Jornada mundial del enfermo
En coincidencia con la
festividad mariana de Nuestra Señora de Lourdes, el 11 de febrero, la
Iglesia celebra la Jornada Mundial del Enfermo, para llamar la atención
acerca de la situación que padecen las personas enfermas alrededor del
mundo. La condición de millones de seres humanos en el planeta, que
padecen alguna enfermedad grave, no siempre es la mejor ni la más digna:
hecho lamentable y doloroso.
Un sector de la población que mayormente sufre por la enfermedad es el
de las personas ancianas, quienes, aparte del padecimiento de los males
físicos, se encuentran con un mundo que reniega de la ancianidad y el
sufrimiento. Cientos de miles de ancianos son abandonados en los
hospitales y los asilos, mientras que se extiende y se inculca el
pensamiento de la eutanasia y la reclusión en sitios donde sólo les
queda vivir de sus recuerdos y esperar la muerte.
Todo enfermo merece ser tratado con dignidad, respeto y amor; y cada
cristiano y ser humano es responsable por aquellos que sufren y no
pueden valerse por sí mismos. Lo que hagamos con cada persona enferma,
lo hacemos con Cristo. Visitar y asistir al enfermo es un deber
cristiano, pero, también, es un acto de humanidad. El creyente está
obligado en esto por su fe; el no creyente, por su solidaridad humana.
Que en esta Jornada Mundial del Enfermo, ya próxima, el Señor nos ayude
a reflexionar sobre los sufrimientos de todos aquellos hombres y mujeres
que, en su enfermedad, comparten la pasión de Cristo y se constituyen,
al cruzarse en nuestro camino, en acontecimiento para ayudarnos a
alcanzar nuestra propia salvación.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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