Editorial
Desposeídos
La pobreza extrema es uno de los males que la
humanidad, a lo largo de su historia moderna, aún debe resolver. Tanto
en las zonas rurales como urbanas, la falta de ingresos suficientes y la
escasa o nula atención en salud, educación, vivienda y servicios
públicos, mantienen a millones de habitantes del mundo en una situación
de vida paupérrima.
En nuestro medio, más de un tercio de la población sufre las
consecuencias de la pobreza. Personas sin ingreso fijo e insuficiente,
monto de pensión o de jubilación por debajo del nivel básico para vivir
decorosamente, gente que habita en viviendas inadecuadas o sin ellas, y
numerosas personas sin formación e instrucción para desempeñar un oficio
o profesión, son los indicadores de una parte del país que sale a flote
en las protestas y cierres de vías.
A pesar de los esfuerzos hechos, durante casi 4 lustros, y los recursos
destinados para disminuir la pobreza, todavía vemos esos ejemplos de
pobreza extrema en el país. A unos meses de empezar un nuevo lustro de
gestión gubernamental, el desafío será el de enfocarse más en el
desarrollo del recurso humano. Es en esta tarea donde, quizá, está el
complemento para que se haga más patente la labor de disminuir
notablemente la extrema pobreza.
De poco sirven, a lo largo del tiempo, las viviendas o los bienes
materiales entregados a los pobres, si está ausente el factor primordial
para conservarlos: la aptitud de la persona misma. Es cuestión de poner
la atención y la voluntad, para alcanzar, de ambos lados, la meta de
reducir la pobreza extrema en Panamá.
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