A TIRO DE PIEDRA
Nuestro modelo democrático
La polarización del torneo
electoral es una práctica peligrosa para el sistema democrático, porque
impide que las minorías electorales puedan tener representación en los
órganos de gobierno. Y digo polarización, porque la cuestión dista mucho
de ser bipartidismo.
Cuando en una sociedad democrática las opciones electorales se
polarizan, sin que haya visos de revertir la situación en la próxima
elección, sobrevienen amenazas para la democracia. De repetirse la
polarización, o caer en el bipartidismo, el primer síntoma es el
desinterés en el sufragio, cuya primera manifestación será el
abstencionismo. Luego sobreviene la apatía hacia los asuntos públicos y
la gestión de gobierno, lo que crea una mentalidad del “da lo mismo
quien suba al poder”. El tercer elemento, y el más peligroso de todos,
es que surja un líder “libre de atavismos partidistas” que prometa
cambiar las cosas, pero que al final buscará, por todos los medios,
perpetuarse en el poder. Ya lo vimos con Fujimori, y lo vemos con
Morales, Chávez y Correa.
Nuestra realidad electoral presenta un escenario polarizado; a tal punto
que no existe otra opción posible. En esta vuelta, la llamada “tercera
fuerza” está ausente. Si contamos las 7 elecciones generales, desde 1964
a la fecha, vemos que 4 de 3 tienen un denominador común: la marcada
polarización. Para gente como yo, que empezamos a votar en los años
ochenta, el factor concomitante es: derrotar al PRD. ¿Hasta cuándo?
En la actual coyuntura, fácilmente vemos que existe un partido fuerte,
el PRD, y una legión de partidos que tienen que unirse para derrotarlo.
En esta oportunidad esa alianza es desproporcionada, en número de
partidos de oposición, para enfrentar al grupo oficialista. Es una
alianza fuerte en los números, pero endeble en la estructura partidaria
y en su fundamento. Fuera de la derrota del adversario, ningún
compromiso o lazo fuerte asegura su unidad. Es un edificio construido
sobre la arena, que promete mucho y proyecta un colapso inminente.
Urge reformar el sistema electoral, para fraccionar la escogencia de las
autoridades. Si seguimos con el actual sistema, en que todo el poder se
pone en juego el mismo día y el ganador se lleva todo durante 5 años, el
régimen democrático se irá al traste. El deterioro en la participación
democrática, a través de los partidos, es visible al comparar las
últimas tres elecciones con la venidera. En calidad y cantidad, los
candidatos actuales están en desventaja. Es un retroceso en la vida
democrática, y lo que viene podrá ser peor o mejor, según la actitud
ciudadana que asumamos.
Después de este período electoral, la tarea debe ser la reforma integral
del sistema de elección de nuestras autoridades ejecutivas y
legislativas. Es imprescindible acabar con ese “todo por el todo” que
nos rige, si queremos profundizar en nuestro régimen democrático y hacer
más vigorosa nuestra democracia participativa. Seguir votando para
derrotar o mantener al PRD en el poder es aberrante. Cuando esta campaña
termine, el momento propicio habrá llegado. De nosotros depende cambiar
el rumbo.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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