Editorial
Cada país cuenta
La atención mundial que acaparó la toma de posesión
del nuevo presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, nos
reta a reflexionar acerca del papel que debe jugar él y cada mandatario
del mundo, en la discusión y solución de los problemas globales.
Si bien es cierto que los Estados Unidos tienen, al igual que otras
potencias, una influencia grande dentro de la comunidad internacional,
no lo es menos el hecho que cada país, pueblo o nación, por pequeña que
sea, también cuenta y forma parte de los acontecimientos que ocurren en
el mundo. Un mundo que, además de global, también es continental y
regional, y en cada contexto de esos los estados tienen su
representación y su influencia relativa.
Barack Obama es presidente de los Estados Unidos, no del mundo entero,
por lo que resulta incorrecto, por decir lo menos, darle o reconocerle
la responsabilidad, aunque sea desde la tribuna de opinión de los medios
de comunicación, de decidir los destinos del planeta. Sólo veamos
aquellas partes del mundo convulsionadas por la guerra, y nos daremos
cuenta que la solución de esos conflictos implican, en mayor o menor
grado, la participación de y la negociación con el resto de los actores.
Como creyentes y gente de fe le auguramos al nuevo presidente de los
Estados Unidos una gestión de gobierno iluminada por Dios, para que
dedique todo su esfuerzo e inteligencia en lograr un futuro de paz y
humanidad para su país y, también, para el resto del mundo donde su
patria tiene injerencia e influencia; pero, eso sí, sin renunciar a la
firme convicción que cada país cuenta en aquello que afecta a nuestra
casa común que es el planeta que habitamos.
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