LA VOZ DEL PASTOR

Mons. Pablo Varela Server
Obispo Auxiliar
Combatir la pobreza, construir la paz
Pasada ya la Navidad, celebrada la Epifanía, saliendo
con el Señor a continuar la Misión de su Reino, es conveniente que
prestemos atención a cuatro rasgos del Dios manifestado en Cristo Jesús.
Es un Dios que confía en nosotros y en particular en nuestras
capacidades racionales. Es un Dios donación, se da y nos da, la Creación
es don de Dios, nuestra vida tiene en su origen una donación; no es un
Dios de la coerción, sino un Dios que llama, que invita. Es Dios de amor
con un designio de comunión universal (cf. I Cor 15,18). Este proyecto
de Dios no es algo ya diseñado con todos los detalles; la
imprevisibilidad del futuro es la posibilidad de una transformación real
de las cosas; Dios conduce la historia, pero nosotros la vamos haciendo.
En la dinámica de la fe en este Dios y en el cumplimiento de la misión
que El le ha encomendado, el Papa Benedicto XVI ha enviado a todos el
mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año: “Combatir la
pobreza, construir la paz”. A escala global, se trata de una
contribución más de la Iglesia católica para la promoción de un nuevo
orden mundial digno del ser humano. Por esto el Papa no se limita a
ponernos a los pobres en plena visibilidad, sino que nos hace memoria de
que para que así sea hay que trabajarlo en la economía, en la política y
en “una una correcta lógica participativa capaz de valorizar la sociedad
civil local e internacional”. Poner a los pobres en primer lugar
requiere solidaridad y tener el criterio del bien común por encima de
otros intereses.
Hay costumbre en nuestro pueblo y en otros, de hacer grandes
resoluciones en tiempos de Navidad y Año Nuevo. Y está bien. Pero
miradas desde cerca, son resoluciones sobre valores objetivos, muchas
veces sin incorporar los valores instrumentales. De ahí los fracasos,
las decepciones, “el papel mojado”. Si hacemos propósitos, también
tenemos que decidir sobre los medios que lleven a su realización. Si
queremos, por ejemplo, que en Panamá se erradique la pobreza, hay que
tomar caminos que lo faciliten y no lo contrario. Si un candidato
político nos ofrece nobles objetivos, hay que saber también cómo va a
guiar para lograrlos, y ya veremos luego si va siendo fiel a lo
prometido.
La Biblia, Cristo Jesús, san Pablo y todos los discípulos, no quedan en
bellas palabras o grandes objetivos; Jesús es Camino, y camino de Verdad
y Vida. Naturalmente, todavía tenemos que poner nuestra parte como lo
es, por ejemplo, el uso de los saberes científicos y técnicos, la
gestión y administración de calidad, para la buena construcción de la
vida personal, familiar, social; para con diálogo eficaz, vivir en
justicia y paz. Y, sobre todo, los que lo hemos recibido y lo seguimos
como discípulos, poner el mismo Amor con el que El nos ama.
La tarea ecuménica también encierra la búsqueda de un mundo, una
sociedad, más cercana al Reino de Dios. El pobre, el desvalido, el
marginado, las injusticias, son igualmente ocasión de encuentro y de
colaboración entre católicos y miembros de las iglesias y denominaciones
que están abiertas al espíritu ecuménico. Precisamente el lema de este
año para el Octavario de Oración por la Unión de los Cristianos es
“Estarán unidas en tu mano (Ez 37, 17)”, porque no queremos pueblos
divididos ni por injusticias económicas, sociales y políticas, ni por
odios de ningún tipo. Reconocemos nuestra debilidad y confiamos en la
fuerza del Señor.
En Panamá, como una señal de este Espíritu, el P. Néstor Jaén, que en
paz descanse, propuso hacer un albergue para acoger familiares de
pacientes de nuestro interior, que vienen al Hospital Santo Tomás a
recibir tratamiento. Acompañar a un familiar enfermo por unos días,
viniendo del interior, tiene sus costos que resultan muy altos para las
familias pobres: al menos así se les ayuda con un lugar donde pernoctar.
El Comité Ecuménico acogió la idea y con paciencia, buscando donaciones
y la cooperación imprescindible del Hospital, se está ya a las puertas
de poderlo inaugurar.
Combatir la pobreza, construir la paz, tarea insoslayable de los
discípulos del Señor.
Volver |