Editorial
Cambiar de actitud
Una frase que de manera permanente resalta, con
letras grandes, en la fachada posterior del templo de Atalaya, hacia el
parque o plaza del pueblo, reza así: “Cambia de actitud y vivirás". Tras
los acontecimientos de las últimas semanas, esas palabras interpelan a
todos aquellos que de pensamiento, palabra, obra y omisión participaron
de los hechos.
Nada tenemos que regatear a los moradores que, en su amor y celo
lugareño, reclamaron la restitución de la imagen del Nazareno. Nada de
reprobar al párroco del lugar que, en su amor y celo pastoral, procuró,
por los medios que consideró convenientes, hacer reparar la imagen que,
innegablemente, necesita ser restaurada para su debida conservación y
digna veneración.
Reprochamos, eso sí, la actitud de algunos que amenazaron, injuriaron y
hasta casi secuestraron al párroco del lugar y al obispo de la diócesis;
incluso antes que se confirmara, por las autoridades eclesiásticas, el
traslado de la imagen del Nazareno para su restauración. No hay
justificación ni derecho para obrar así. Lo propio, para el cristiano
auténtico, es hablar primero con el hermano si este yerra. Si no
atiende, hacerse acompañar de otros dos o tres hermanos. Si no escucha,
se debe llevar el caso ante la Iglesia. Nada de esto se hizo.
Hasta el sol de hoy, sólo el Señor Obispo de Santiago ha reconocido su
error y disculpado públicamente. ¿Y el resto? ¿Quién cambiará de actitud
para tener vida? El tiempo nos dirá si la frase escrita en las paredes
del templo son solamente para los peregrinos, que por millares copan el
pueblo el primer domingo de Cuaresma, o también se aplica a los
lugareños que, en un estado de emoción colectiva, ultrajaron a su
párroco y al Pastor de su iglesia local.
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