A TIRO DE PIEDRA
Balboa y la cinta costera
La construcción de la
llamada cinta costera avanza y toma forma poco a poco, para cambiar el
paisaje de la bahía que baña su malecón con sus aguas. Es una obra
envuelta en el vaivén político, cuyo valor y sentido son difíciles de
apreciar ahora.
Acerca de los pormenores de su costo o diseño, casi nada tengo que
decir, porque en este momento ni lo mucho ni lo poco se ha terminado de
hablar. En lo que sí me arriesgo a alzar mi voz es en el nombre que debe
llevar la obra, una vez terminada. Debe llamarse Vasco Núñez de Balboa,
porque tenemos más de una razón para pedir que así sea. Al menos doy
dos: Conservar el nombre de Balboa, porque de lo contrario se acabaría
con la avenida costanera que ha identificado a la ciudad de Panamá por
más de tres cuartos de siglo. Mantener el nombre de Balboa, porque
estamos a 4 años de conmemorar los 500 años del descubrimiento del Mar
del Sur por el personaje que lleva su nombre, y porque en 10 años más la
Ciudad de Panamá celebrará su quinto centenario de fundación.
Que no nos perdamos en otros nombres o en regatearnos el de Balboa con
arengas o frases de barricada, tales como: Balboa no descubrió nada, era
un saqueador o ladrón, o cualquier otra parecida. Nuestra historia debe
apreciarse, con lo bueno, lo malo y lo feo. Vasco Núñez de Balboa tiene,
aún con sus errores, sus aciertos y méritos. Somos una nación que, al
menos en lo étnico, no tiene una pureza de raza al cien por ciento.
Somos mezcla de amerindios, europeos y negros. Eso somos, y ninguno
puede excluirse, por más aborigen, blanco o negro que se crea.
Esa cinta costera que tanto nos hace polemizar es, a ojos vista, un
ensanchamiento de la actual Avenida Balboa. No es algo nuevo o
independiente. Y, así, como a ningún habanero o carioca se le ocurriría
cambiar el nombre al Malecón de La Habana o al pase de Copacabana, así
tampoco nosotros debemos privarnos de llamar a la vía costanera de la
ciudad capital por su nombre: Avenida Balboa o Bulevar Balboa.
Ojalá que las autoridades nacionales y municipales presten atención a
este detalle. Que nuestros urbanistas, que tanta preocupación y valioso
aporte han demostrado ante la cinta costera, aunque en algunos aspectos
los hayan ignorado, acojan y defiendan la idea de conservar el nombre de
Balboa para esa obra. Bastante algunos le han robado a la ciudad en
espacios y lugares públicos, sin contar con su conjunto arquitectónico,
para que acaben de destruir una denominación que nos identifica como
urbe costera.
Falta poco para que la obra concluya. Apenas unos meses más y se podrá
ver. Cómo se llamará; aún no se sabe. Pero eso de nueva vialidad o cinta
costera no cuenta con mi voto, porque el nombre es inapropiado y porque
nos recordará, mientras usurpe el nombre de Balboa, todos los matices
que le dan colorido a sus secretismos y sus escándalos.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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