|
Vive sin límites
José F. Botello L.
El conocido “slogan” de una televisora local, conlleva un mensaje que
pudiera ser gratificante para la juventud, si fuera en singular (sin
límite), implicaría vivir plenamente, incluso buscar la vida eterna.
Pero en plural, el mensaje es de libertinaje directo: Vive sin límites,
lo que me lleva a la reflexión, dado el despliegue regular de programas
con alto contenido de violencia, que a su vez no deja de ser similar al
de otras emisoras comerciales. Como cristiano católico, me llama siempre
la atención el concepto y don de la libertad. Entiendo que la creación
se basa en el orden dado por Dios a las cosas y en nuestro libre
albedrío (libre voluntad) dado para decidir. La Biblia habla que “En el
principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era un caos y
confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios
aleteaba por encima de las aguas.” (Génesis 1, 2. B. de Jerusalén,
Latinoamericana). Luego entonces, Dios creó el orden en medio del caos,
sin embargo el caos y el abismo quedaron aparte del Paraíso, pero no
imposibles: “…mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás,
porque el día que comieres de él, morirás sin remedio.” (Gen. 2, 17);
sin embargo, vino el pecado de la desobediencia y la salida del Paraíso.
Esto tiene implicaciones grandiosas, ya que en la tierra estamos entre
lo bueno (orden) y lo malo (desorden), con nuestra posibilidad
(voluntad) para decidir y aprender. Leemos: “Y dijo Dios: Hagamos al ser
humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra,…” (Gen 1, 26 parte).
Donde semejanza debe ser el libre albedrío, que también Dios tiene. La
imagen es lo espiritual que poseemos. El problema viene cuando enredamos
los conceptos. Dios nos dio el libre albedrío, que tiene dos
alternativas: la libertad (el bien) o el libertinaje (el mal), para
gozar (no abusar y hacernos daño), de lo creado (orden, belleza, amor,
armonía, respeto y otros dones). La libertad es confundida con el libre
albedrío, pero Dios nos da éste y nos recomienda la libertad, no nos la
obliga, porque nos ama y el que ama no obliga, ya que el Amor es
espontáneo. La libertad siempre es para hacer el bien, basada en la
verdad y el Amor, para liberar de la esclavitud (llámese vicio, exceso o
pecado), porque ninguna libertad es para esclavitud, pero el libre
albedrío sí puede serlo. El libertinaje viene a ser el camino directo a
la esclavitud o dominio del pecado sobre el hombre. Vivir sin límites
(plural), es desconocer que toda libertad se ejerce con responsabilidad:
si hago mal, debo resarcir (compensar), lo cual es el camino del bien
cristiano, o sea, si caigo me levanto por mi fe y obras
(responsabilidad). El libertinaje se desentiende de cumplir con deudas,
daños, etc., lo cual me hace sentir libre o más bien en libre albedrío,
pero no es libertad, que es para ser responsable de mis actos (el bien)
y no su esclavo, al vivir sin Dios, ni ley, al estilo de pandillas o
cultura de la muerte. De allí jóvenes (y viejos), no ven necesario,
casarse, pagar impuestos, respetar la ley, respetar a sus mayores,
cumplir el deber, etc., ya que el libertinaje permite dañar y ocultarte,
indiferente del daño a tu sociedad, novia, familia, etc., que en
realidad odias, porque no ha llegado el mensaje del Amor, pero sí los
“valores” recalcados de búsqueda de poder, plata y placer, promovidos
por la cultura comercial de sexo y violencia desenfrenados, alejando la
fortaleza espiritual, que muchas veces llega tarde para el joven y la
sociedad.
Volver |