Artículos fetiches de venta en un bazar esotérico de la capital.

Cuidarse de los Ídolos

Dios quiere que el hombre sea feliz, porque ese fue el propósito por el cual fue creado: gozar de la felicidad junto a Dios. Sin embargo, el hombre no siempre busca la felicidad en Dios, sino que trata de encontrarla en cosas que el mismo se crea y convierte en sus ídolos. Objetos, imágenes, pócimas y conjuros de toda clase son utilizados por las personas, para atraer la felicidad, la prosperidad y lo que, comúnmente, llamamos buena suerte. Todo eso se busca, todo se promete, pero nada se cumple.

Muchos son los incautos que caen en las manos de hechiceros, magos, prestidigitadores, adivinos y chamanes de todo tipo y origen, que devienen en charlatanes y embaucadores que hacen dinero con el sufrimiento y la angustia ajenos. Todo creyente debe cuidarse de caer en las garras de los ídolos, porque es un rechazo a Dios y una herejía dañina para su alma. La felicidad, más que en la falsa prosperidad y el éxito superfluo, está en conocer a Dios y conocerse a uno mismo; saber discernir entre lo que aprovecha y lo que no aprovecha; y encontrar en el Señor la luz para alumbrar el camino y la fortaleza para soportar y superar las pruebas y las adversidades. La fe, sin duda, vale más que cualquier promesa de futuro que pueda hacer cualquier mortal.

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