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Bautismo

El Bautismo cristiano -en el que se concentra este
artículo-, consiste en una determinada aplicación del agua sobre una
persona, invocando a la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo (o a
Jesús solo, en otros ritos del cristianismo), con el fin de hacer
participar a quien lo recibe en la muerte y la resurrección de
Jesucristo, constituyéndole: profeta, sacerdote y rey junto con Cristo,
y en hijo de Dios y heredero de su Reino, e integrándole a la comunidad
de la Iglesia, como miembro vivo del Cuerpo Místico de Cristo.
En el catolicismo romano y el protestantismo clásico -debido a la
teología de San Agustín (siglo V), y sus ulteriores evoluciones en los
reformadores Martín Lutero y Juan Calvino-, el Bautismo ha revestido
también la importancia de ser un antídoto contra el pecado original.
Etimología
La palabra española bautismo viene del griego koiné báptisma, y ésta a
su vez, del griego clásico: bapto, verbo limitado progresivamente al
sentido de "teñir", sustituido por 'baptízo, que significa: "sumergir",
"zambullir", "hundir" (en el agua).
Perspectiva diversa dentro del Cristianismo
En general -en todas las denominaciones cristianas-, el Bautismo
constituye el rito de la Iniciación en la fe.
Para las comuniones católicas, como la Iglesia Ortodoxa, otras iglesias
orientales (Iglesia Armenia, Iglesia Etíope, etc.), la Iglesia Católica
Romana y la Comunión Anglicana, así como para el Protestantismo clásico
(Luteranismo, Presbiterianismo, Metodismo y otros), el Bautismo se
considera como un sacramento.
Las iglesias de la Reforma Radical o anabaptistas (bautistas, menonitas),
y el Cristianismo fundamentalista (véase: fundamentalismo cristiano), lo
consideran -no un sacramento-, sino una Ordenanza de Cristo. Elementos:
agua bendita, cirio, óleo, etc. El bautismo te quita el pecado original,
pasamos a ser parte de la Iglesia, se realiza generalmente a niños
recién nacidos y lleva a cabo la ceremonia un sacerdote. A excepción de
la doctrina Bautista en donde la "Ordenanza de Cristo" la realizan las
personas que en pleno uso de sus facultades, deciden hacerlo; ya que
alegan que en la Biblia no se hace mención de Bautismos en niños recién
nacidos y todas las personas que son bautizadas deben aceptarlo porque
es su decisión hacerlo, y la ceremonia la hacen líderes de la Iglesia
autorizados para eso.
El rito y la ceremonia esenciales del Bautismo
El
Bautismo consiste en una ceremonia en que una persona -que ha de unirse
a la comunidad cristiana-, entra en contacto con el agua de cualquiera
de estas tres maneras: inmersión, ablución (derramamiento), o aspersión.
La inmersión era la forma primitiva generalizada, y pervive en la
etimología de la propia palabra "Bautismo", de ello dan testimonio
arqueológico las grandes fuentes bautismales del arte paleocristiano en
numerosos templos cristianos en oriente y occidente, tanto los que
siguen activos, como los que yacen en estado de ruina. La inmersión
sigue siendo la forma obligatoria en la Iglesia Ortodoxa y en todas las
iglesias orientales (aún las que están unidas a Roma), así como en la
Reforma Radical y en el Cristianismo Fundamentalista.
La ablución o derramamiento, es la forma generalizada en el Catolicismo
Romano; sin embargo, en estas mismas comuniones eclesiales, la inmersión
ha sido revalorada como un signo más expresivo del significado del
Bautismo, y se practica ampliamente en numerosas diócesis y parroquias.
Es un hecho que -tanto el Misal Romano (católico romano) como el Libro
de Oración Común (anglicano), recomiendan la inmersión como la forma más
apropiada para el Bautismo.
La aspersión consiste en salpicar con agua; se trata de una forma
autorizada sólo para casos de emergencia extrema (y nunca como forma
regular), por las iglesias que reconocen la ablución como administración
válida del Bautismo.
A partir del Concilio de Nicea (325, d.C.), la ceremonia (acto) de la
inmersión o ablución es obligatoriamente triple, y el rito (palabras)
del Bautismo -propiamente dicho-, se centra en la invocación de la
Trinidad sobre la persona que ha de ser bautizada (candidato o
bautizando), con variantes según el rito de cada iglesia:
"Es bautizado el siervo de Dios (Nombre...), en el Nombre del Padre,
Amén; y del Hijo, Amén; y del Espíritu Santo, Amén", como ejemplo del
rito bizantino de la Iglesia Ortodoxa y otras orientales.
"(Nombre...), Yo te bautizo en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del
Espíritu Santo. Amén.", es el ejemplo básico del Cristianismo
occidental.
Algunas iglesias fundamentalistas acuden exclusivamente a los datos del
Nuevo Testamento, y aplican el Bautismo única-mente con la fórmula "En
el Nombre de Jesús". Este es un punto de discusión teológica que tiene
que ver con el concepto de Dios Padre, de Cristo y del Espíritu Santo,
que se tenga en cada denominación.
En realidad el concepto del Bautismo, se hace sobre el Efecto de la
Inmersión, es decir "Sepultando" a la persona en el Agua, tal como lo
dejó como enseñanza el Señor Jesucristo y podemos ver el fundamento
bíblico en Marcos 1:10 “Cuando salió del Agua”, aquí podemos ver el
contenido de expresión del Evangelista Marcos en ex-presar en el texto,
"Cuando salió del Agua" y para salir del agua, necesariamente el Señor
Jesucristo, tuvo que sumergirse en el río Jordán, ya que el Apóstol
Pablo en Romanos 6:4, lo confirma en decir “Pues, por el bautismo,
fuimos sepultados junto con Cristo para compartir su muerte y, así como
Cristo fue resucitado de entre los muertos por la Gloria del Padre,
también nosotros hemos de caminar en una vida nueva”, y lo vuelve a
repetir en Colosenses 2.12 “Esta circuncisión de Cristo, es el bautismo.
Al recibirlo, ustedes fueron sepultados con Cristo y también fueron
resucitados por haber creído en el poder de Dios, que resucitó a Cristo
de entre los muertos”.
Teología del sacramento (católico)
Institución
El bautismo parece estar relacionado al ambiente reinante tras la
deportación de Babilonia. La inmersión se practicaba para la
purificación legal. Los esenios practicaban este tipo de ablución
purificadora que, para ellos, era también moral, como han podido
demostrar sus piscinas rituales en Qumram. Entre los fariseos del siglo
I se extendió la costumbre de sumergir en agua a los prosélitos tras la
circuncisión, rito que implicaba la capacidad del neófito para acceder a
los sacrificios y participar en el culto del Templo.
Juan el Bautista asumió este rito dándole el sentido de medio para la
conversión (cf. Mc 1, 4) y purificación del pecado. Esto implicaba que
el templo ya no era el único lugar para la obtención de la expiación.
Tanto los escritores del Nuevo Testamento como algunos Padres de la
Iglesia descubren en el Antiguo Testamento algunas figuras o prototipos
del bautismo:
Las aguas sobre las que aleteaba el Espíritu Santo (cf. Gn 1, 2).
El agua del arca de Noé (cf. 1 P 3, 20-21).
La circuncisión (cf. Col 2, 11-12).
El paso del Mar Rojo (cf. 1 Co 10, 2).
La curación del esquizofrénico Naamán por bañarse en el embalse Jordán.
La Iglesia católica considera el bautismo que administraba Juan el
Bautista como prefiguración inmediata de lo que considera un sacramento.
Según el evangelio, el Bautista tenía conciencia de que el rito que
realizaba era un anuncio del que vendría (cf. Mc 1, 8). Jesús no sólo se
sometió al bautismo de Juan sino que también llamó «bautismo» a su
pasión y muerte (Mc 10, 38 y paralelos).
El Concilio de Trento declaró que el bautismo de Cristo era diverso del
de Juan. Y en el decreto Lamentabili, el Santo Oficio aclaró que el
sacramento del bautismo no se puede considerar como un rito evolucionado
de los usados por las religiones antiguas o por el judaísmo.
Dado que la Iglesia católica sostiene que no existe una institución
jurídica y determinada a un solo momento de los sacramentos por parte de
Cristo, los teólogos suelen afirmar que en tres momentos se da esta
institución:
En primer lugar en el anuncio de Juan el Bautista: Jesús bautizaría con
Espíritu Santo y con fuego (cf. Lc 3, 16).
El diálogo de Cristo con Nicodemo (cf. Jn 3, 5) donde el primero indica
que el bautismo es necesario para la salvación.
Antes de ascender a los cielos, Jesucristo mandó a sus discípulos que
bautizaran en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (cf. Mt
28, 19 y paralelos) y seguirá por siempre.
Desarrollo del rito
Bautismo católico
En el Nuevo Testamento se habla de una inmersión en el agua, acompañada
de unas palabras y que requiere la fe del bautizando (cf. Hch 8, 36-37).
Sin embargo, hubo teólogos en los primeros siglos que negaron la
necesidad del agua. Contra ellos escribió Ireneo (en Adversus Haereses I
21, 4) y Tertuliano (De Baptismo I). Pero la expresión más clara está en
Agustín: «¿Qué es el bautismo? Es una ablución de agua con la palabra.
Quita el agua y ya no hay bautismo» (Comentario al evangelio de Juan 15,
4).
En la Didaké (capítulo VII) se habla de una celebración con inmersión en
agua, pero también de un rito por el que se derramaba tres veces agua
sobre la cabeza del neófito. Hipólito habla de una celebración que
seguía al catecumenado y que tras oraciones, preguntas y exorcismos,
sometía al candidato a una inmersión en el agua. Sin embargo, es difícil
que incluso en la Iglesia primitiva sólo se hayan dado casos de bautismo
por inmersión. Si según los Hechos de los Apóstoles, tras la predicación
de Pedro fueron tres mil las personas que se bautizaron resulta muy
difícil pensar que todos se hayan arrojado al agua.
También consta –por el testimonio de Cipriano (Carta 69 12)– que algunos
enfermos eran bautizados seguramente por aspersión o infusión.
Así con el paso del tiempo el bautismo por inmersión fue abandonado
paulatinamente (debido a la costumbre de bautizar a los niños lo más
pronto posible) y el de aspersión se usó muy poco dadas las dudas sobre
la efectiva ablución. El Código de derecho canónico de 1983 indica que
el bautismo se ha de administrar por inmersión o por infusión, de
acuerdo con las normas establecidas por cada Conferencia episcopal (cf.
núm. 854).
Bibliografía
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K. BECKER, Storia generale del battesimo, Editorial de la universidad
Gregoriana 1980.
P. HAFFNER, Bautismo y confirmación, Editorial Nueva Evangelización
1999.
Diccionario de las religiones (P. POUPARD), Editorial Herder 1987, ISBN
84-254-1547-0
Bernard, David K. (1984), El Nuevo Nacimiento, Pentecostales del Nombre
de Jesucristo
(Recurso digital: Wikipedia)
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