A TIRO DE PIEDRA
Muertos a bala
El informe de la mayor causa
de muerte violenta entre los panameños, el año pasado, da cuenta de la
que ocupa el primer lugar: el asesinato con arma de fuego. Mucho más que
los accidentes de tránsito. Mal augurio éste para la sociedad.
Somos una comunidad agresiva, porque hemos creado un ambiente agresivo.
Es esa agresividad la que nos lleva a la violencia, dentro de la que
estamos superando límites en todos los órdenes, tales como: aprecio por
la vida humana y animal, respeto por los mayores y los menores, reglas
de urbanidad, valores morales, civismo, virtudes. Todo se pisotea y se
trae a menos, por una parte de la población cuya escala de valores es
contraria a la del resto; una chusma que cuando se manifiesta en
turbamulta, grande o pequeña, daña y destruye sin miramientos.
La televisión, en primer lugar, y el resto de los medios, después,
avivan la agresividad y pasan a formar parte del mecanismo de la
violencia. Escudándose en una libertad de información mal entendida, se
niegan a reconocer que pueden ser parte del problema o de la solución.
Recurren a argumentos extremos, en los que, normalmente, se contrapone
la libertad de expresión frente a un supuesto coartador de ella. Frases
trilladas como: por qué matar al mensajero; la sociedad es la violenta y
no el medio; no quieren que hablemos de lo malo; frases como éstas son
la excusa para dejar de hacer algo positivo y más provechoso.
Algunas medidas que se podrían tomar, a nivel de medios, sería darle
menos prominencia a las noticias de muerte violenta. Es innecesario que
la televisión, por ejemplo, nos pase 20 ó 30 minutos de esos hechos en
sus noticieros estelares, cuando en 5 ó 7 se podría hacer. Lo misma vale
para la radio y los impresos. Si le damos menos prominencia, el público
podría dedicar más atención a otros temas. Igual podría hacerse con la
condena hacia los gobiernos y las autoridades, variando el enfoque hacia
la crítica y la censura más pensada y formativa. Algunos medios hasta
parecen ser un partido político que toma parte, en vez de guardar su
imparcialidad en el tratamiento noticioso de la información. Para tomar
posición están los espacios de opinión.
Nos urge crear modelos a imitar, en todo el aparato cultural de la
sociedad. Salvo una que otra figura deportiva o artística, cantante por
lo general, el resto poco o nada se destaca. Menos aún en los barrios
pobres y marginales, donde el respeto se confunde con el temor, y la
admiración de los más pequeños se enfoca en el maleante o el pillo que
está en boca de los vecinos y que, cual relevante personaje, los medios
destacan con filmes y fotografías.
Vivimos, lamentablemente, en una sociedad que ve ensalzada la violencia
en las películas, los programas de televisión, la letra de las
canciones, y los hechos cotidianos. Puede más el más fuerte; se impone
más quien tiene la mayor capacidad de hacer daño; se aspira a ser
temido, para que nadie se meta con uno. Si el otro tiene un cuchillo, yo
debo tener un machete; si el otro tiene un revólver, yo debo tener una
pistola; si el otro tiene pistola, a mí me toca una ametralladora; y si
viene uno con esta última, me consigo una granada. Esa es la mentalidad
que impera en el mecanismo de la violencia, y la causa de tanta muerte
por bala.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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