Editorial
Proyecto de ley 442
La suspensión de la discusión del polémico proyecto
legislativo sobre educación y salud sexual reproductiva, conocido como
Proyecto de Ley 442, puede ser aprovechada para reflexionar acerca del
querer y el sentir de la sociedad panameña representada en los grupos y
asociaciones que, a favor y en contra, se manifestaron sobre la
propuesta.
El rechazo por el cúmulo de frases y conceptos, manifestado por gran
parte de los representantes de la comunidad panameña, no debe excluirse
de cualquier nuevo intento de darle al país una legislación sobre la
educación sexual. Si en algo coinciden todos los grupos y asociaciones
de ambos sectores que participaron es, sin lugar a duda, el hecho de
estar de acuerdo con una ley de educación sexual. La diferencia está en
los añadidos que, ya sea de manera explícita o solapada, intentan
echarnos a una corriente de sexualidad, aupada por algunos organismos
del mundo, que es cuestionable por las consecuencias y repercusiones que
provoca.
Si la mayoría de nuestra sociedad está en contra, ¿por qué insistir en
las ideas de esa corriente? ¿Acaso no podemos prescindir de ellas, en el
tema de la educación sexual? Si hay algo perjudicial para la población,
en materia de la práctica sexual que propaga enfermedades y provoca el
embarazo precoz, es la sexualidad irresponsable. Allí está la raíz del
mal; allí es donde debemos incrementar los esfuerzos para erradicarla o
minimizarla.
Mientras se intente resolver el problema excluyendo el aspecto moral y
de responsabilidad de conciencia que le cabe a cada ser humano, todo
esfuerzo será en vano. El asunto parte del interior de la persona y,
para llegar allí, le guste o no a algunos, la vía idónea es el cambio en
la mentalidad y la inculcación de particulares valores morales y éticos.
Volver |