|
FIGURAS BÍBLICA
Los personajes del Adviento
La figura de la espera: Isaías

Isaías subraya en sus ulteriores profecías los rasgos característicos
del Mesías. Aquí se contenta con apuntarlos y se reserva para más tarde
el tratarlos uno a uno y modelarlos. El profeta describe así a este rey
justo: (Is. 11, 1-9).

Podríamos sintetizar toda la obra del profeta
reduciéndola a dos objetivos:
El primero, llegar a la situación presente, histórica, y remediarla
luchando.
El segundo, describir un futuro mesiánico más lejano, una restauración
del mundo.
Así vemos a Isaías como un enviado de su Dios al que ha
visto cara a cara. El profeta no cesa de hablar de él en cada línea de
su obra.
La
elección de las lecturas de Adviento nos ha puesto en frecuente contacto
con Isaías.
Es el profeta por excelencia del tiempo de la espera; está
asombrosamente cercano, es de los nuestros, de hoy. Lo está por su deseo
de liberación, su deseo de lo absoluto de Dios; lo es en la lógica
bravura de toda su vida que es lucha y combate; lo es hasta en su arte
literario, en el que nuestro siglo vuelve a encontrar su gusto por la
imagen desnuda pero fuerte hasta la crudeza. Es uno de esos violentos a
los que les es prometido por Cristo el Reino.
Isaías vivió en una época de esplendor y prosperidad. Rara vez los
reinos de Judá y Samaria habían conocido tal optimismo y su posición
política les permite ambiciosos sueños. Su religiosidad atribuye a Dios
su fortuna política y su religión espera de él nuevos éxitos. En medio
de este frágil paraíso, Isaías va a erguirse valerosamente y a cumplir
con su misión: mostrar a su pueblo la ruina que le espera por su
negligencia. Perteneciente sin duda a la aristocracia de Jerusalén,
alimentado por la literatura de sus predecesores, sobre todo Amós y
Oseas, Isaías prevé como ellos, inspirado por su Dios, lo que será la
historia de su país. Superando la situación presente en la que se
entremezclan cobardías y compromisos, ve el castigo futuro que
enderezará los caminos tortuosos. Lodts escribe de los profetas:
"Creyendo quizá reclamar una vuelta atrás, exigían un salto hacia
adelante. Estos reaccionarios eran, al mismo tiempo, revolucionarios".
Los comienzos de la obra de Isaías, que originarán la leyenda del buey y
del asno del pesebre, marcan su pensamiento y su papel. Yahvé lo es todo
para Israel, pero Israel, más duro que el buey que conoce a su dueño,
ignora a su Dios (Is 1, 2-3).
La Doncella va a dar a Luz
Pero Isaías no se aislará en el papel de predicador moralizante. Y así
se convierte para siempre en el gran anunciador de la Parusía, de la
venida de Yahvé. Isaías predice los cataclismos que se desencadenarán en
el día de Yahvé (Is 2, 1-17). Ese día será para Israel el día del
juicio.
El nacimiento de Emmanuel, "Dios con nosotros", reconfortará a un reino
dividido por el cisma de diez tribus. El anuncio de este nacimiento
promete, pues, a los contemporáneos de Isaías y a los oyentes de su
oráculo, la supervivencia del reino, a pesar del cisma y la devastación.
Príncipe y profeta, ese niño salvará por sí mismo a su país.
Pero, por otra parte, la presentación literaria del oráculo y el modo de
insistir Isaías en el carácter liberador de este niño, cuyo nacimiento y
juventud son dramáticos, hacen presentir que el profeta ve en este niño
la salvación del mundo. Isaías subraya en sus ulteriores profecías los
rasgos característicos del Mesías. Aquí se contenta con apuntarlos y se
reserva para más tarde el tratarlos uno a uno y modelarlos. El profeta
describe así a este rey justo: (Is. 11, 1-9). Ezequías va a subir al
trono y este poema se escribe para él. Pero, ¿cómo un hombre frágil
puede reunir en sí tan eminentes cualidades? ¿No vislumbra Isaías al
Mesías a través de Ezequías? La Iglesia lo entiende así y hace leer este
pasaje, sobre la llegada del justo, en los maitines del segundo domingo
de Adviento. En el capítulo segundo de su obra, hemos visto a Isaías
anunciando una Parusía que a la vez será un juicio. En el capítulo 13,
describe la caída de Babilonia tomada por Ciro. Y de nuevo, se nos
invita a superar este acontecimiento histórico para ver la venida de
Yahvé en su "día".
Esta venida de Yahvé aplastará a aquel que haya querido igualarse a
Dios. El Apocalipsis de Juan tomará parecidas imágenes para describir la
derrota del diablo (cap. 14). En los maitines del 4.° domingo de
Adviento, volvemos a encontrarle en el momento que describe el
advenimiento de Yahvé: "La tierra abrasada se trocará en estanque, y el
país árido en manantial de aguas" (35, 7). Se reconoce el tema de la
maldición de la creación en el Génesis. Pero vuelve Yahvé que va a
reconstruir el mundo. Al mismo tiempo, Isaías profetiza la acción
curativa de Jesús que anuncia el Reino: "Los ciegos ven, los cojos
andan", signo que Juan Bautista toma de este poema de Isaías (35, 5-6).
En sus descripciones se distingue por mostrar cómo Yahvé es el Santo y,
por lo tanto, el impenetrable, el separado, Aquel que no se deja
conocer. O, más bien, se le conoce por sus obras que, ante todo, es la
justicia. Para restablecerla, Yahvé interviene continuamente en la
marcha del mundo.
|
|
|
El despojo
 |
El triunfo
 |
|
Todo su dinamismo va a
ponerse al servicio de su Dios, convirtiéndose en su
mensajero. Mensajero terrible que anuncia el despojo de
Israel al que sólo le quedará un pequeño soplo de vida. |
Para Isaías, como más
tarde para San Pablo y San Juan, la venida del Señor lleva
consigo el triunfo de la justicia. Por otra parte, los
capítulos 7 al 11 nos van a describir al Príncipe que
gobernará en la paz y la justicia
(ls 7, 10-17). |
Volver |