Editorial
Solidaridad fraterna
Los desastres naturales ocurridos en las provincias
de Bocas del Toro y Chiriquí conmueven por la cantidad de personas
pobres que han perdido sus posesiones, y que quedan en la más absoluta
ruina. Para ellos, en este momento, el socorro de sus compatriotas es la
única forma de mitigar la pérdida sufrida.
Duele, aún más, la muerte de aquellos que las corrientes y las ríadas
arrancaron del lado de sus familiares. Su sitio quedará vacío, sin que
pueda ser llenado por alguien más. Un bien perdido se repone; una vida,
no. Por eso es importante, también, la asistencia a los que han quedado
desprovistos del familiar que era responsable por su sustento; y esto va
más allá de la asistencia momentánea que sucede a toda tragedia.
Como cristianos, igualmente, debemos ver toda esta situación desde la
perspectiva del amor. Nuestra solidaridad, más que un gesto humanitario,
debe surgir de la fraternidad; es decir: mirar al prójimo como a un
hermano; un hermano en la fe y un hermano en la humanidad que
compartimos, en la patria que nos acoge, y en la sociedad que nos
encultura.
Que esta conmovedora actualidad nos mueva, también, a ser solidarios en
otros aspectos como deponer la violencia, el gesto amenazante, el
individualismo, y todo aquello que nos lleva a alejarnos del otro, a
odiarlo, o a desearle el mal. Nos hace falta el amor que nos hermane,
para construir un mundo más humano; y sólo con la conversión personal
podremos lograr el cambio hacia una sociedad más justa y fraterna.
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