Catequesis del Papa
La justificación en
la enseñanza de san Pablo
Extracto de la Audiencia General, de S.S. Benedicto
XVI, miércoles 19 de diciembre de 2008
Queridos hermanos y hermanas:
En el camino que estamos recorriendo guiados por san Pablo, queremos
reflexionar ahora sobre un tema que está en el centro de las
controversias del siglo de la Reforma: la cuestión de la justificación.
¿Cómo llega a ser justo el hombre a los ojos de Dios? Cuando san Pablo
se encontró con el Resucitado en el camino de Damasco era un hombre
realizado: irreprensible en cuanto a la justicia que deriva de la Ley (cf.
Flp 3, 6), superaba a muchos de sus coetáneos en la observancia de las
prescripciones mosaicas y era celoso en sostener las tradiciones de sus
padres (cf. Ga 1, 14). La iluminación de Damasco le cambió radicalmente
la existencia: comenzó a considerar todos sus méritos, logrados en una
carrera religiosa integérrima, como "basura" frente a la sublimidad del
conocimiento de Jesucristo (cf. Flp 3, 8). La carta a los Filipenses nos
ofrece un testimonio conmovedor del paso de san Pablo de una justicia
fundada en la Ley, y conseguida con la observancia de las obras
prescritas, a una justicia basada en la fe en Cristo: comprendió que
todo lo que hasta entonces le había parecido una ganancia, en realidad
frente a Dios era una pérdida, y por ello decidió apostar toda su
existencia por Jesucristo (cf. Flp 3, 7). El tesoro escondido en el
campo y la perla preciosa, por cuya adquisición invierte todo lo demás,
ya no eran las obras de la Ley, sino Jesucristo, su Señor.
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