Editorial
Quejas contra jueces
Las más de cuatro mil quejas contra jueces y
magistrados que ha recibido el presidente de la Corte Suprema, a lo
largo de este año, es un indicio del descontento que siente la sociedad
con los funcionarios judiciales de jerarquía. Es un secreto a voces que
en muchos despachos de justicia se produce mora intencionada, se hace
cabildeo y, en algunos casos, se paga a los funcionarios por
interpuestas personas para agilizar los procesos.
El actual presidente del Órgano Judicial ha puesto su empeño en
enderezar cosas torcidas y enmendar entuertos, más allá de su propio
despacho, con cierto éxito hasta ahora. De ser imitado por otros
magistrados y jueces superiores, la justicia panameña podría mejorar y
recobrar la confianza y la credibilidad ciudadana.
Un instrumento eficaz para el desempeño de la labor de adecentar y
agilizar la justicia es la fiscalización permanente, que se apoya en la
auditoría de la gestión de negocios judiciales y en la sanción ejemplar
de jueces y funcionarios que incurren en faltas o delitos. También, como
forma de control social, debe hacerse público, y de manera oficial, el
resultado de cada auditoría y el nombre y dictamen final de los
sancionados.
Toda democracia tiene entre sus pilares a la administración de justicia,
ejercitada con honradez y probidad, con estricto apego al derecho, y sin
la dilación premeditada e innecesaria que abunda en muchos despachos en
la actualidad.
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