A TIRO DE PIEDRA
Carlos Iván Zúñiga
Una de las figuras políticas
de los últimos 50 años de la república es el doctor Carlos Iván Zúñiga,
recientemente fallecido. Pertenece a un conglomerado de hombres públicos
que, poco a poco, ha ido dejando la escena pública, llevándose con ellos
el ejercicio de un liderazgo que muy poco se ve en la actualidad.
Lo conocí más por su trayectoria pública que por amistad. En muy pocas
ocasiones crucé palabras con él, al coincidir en algún acto público o
social. Como personaje político lo observé y escuché, pero fue como
rector de la Universidad de Panamá que tuve una experiencia directa con
él.
A finales de los años de 1970 y de la década de 1980 supe de su andar en
la política nacional. Era yo un muchacho que apenas dejaba la
adolescencia, y que me dedicaba a combatir la dictadura militar de
entonces. Recuerdo que el doctor Zúñiga tenía contacto con el Movimiento
Independiente Democrático, que se agitaba en el país por aquellos días.
Tenían sus miembros un discurso que llamaba mi atención, pero no me
decidí a entrar en sus filas. Después se creó el Partido Acción Popular
(PAPO), del que Carlos Iván Zúñiga era su líder, aunque funcionaba sin
reconocimiento del Tribunal Electoral. Se definía como social demócrata
y me atraía su visión nacional, aunque yo no me sentía seguidor de esa
ideología. Sin embargo, el doctor Carlos Iván Zúñiga se ganó mi respeto
y admiración.
Pero, como dije, mi experiencia más cercana con él fue durante su
gestión como rector de la Universidad. Había comprado yo un libro en la
librería universitaria, y pedí que me dieran el cambio de cinco balboas
en billetes de a uno; el empleado de la queja me lo negó, bajo el
argumento que el director de la librería le tenía prohibido dar el
cambio de esa manera. Le pregunté al empleado si estaba seguro de tal
situación, y me dijo que sí. Me retiré del local y decidí enviarle una
carta al rector.
Tras escribir mi nota la llevé a la rectoría y la entregué en el
despacho del doctor Carlos Iván Zúñiga. Pocos días después recibí, por
escrito, su respuesta: una disculpa en nombre de la Universidad de
Panamá y la novedad que había ordenado el traslado del empleado de la
librería a otra dependencia universitaria. No me parecía verdad tanta
belleza, y decidí corroborar el hecho, con una comprobación positiva.
Ciertamente habrá quien tenga experiencias mucho más profundas que la
mía; pero si en una nimiedad como una queja por el trato recibido en la
librería de la universidad, el doctor Carlos Iván Zúñiga se dignó en
contestarme, cuánto más lo haría en cuestiones trascendentales y
decisivas.
El país necesita de personas probas, honestas y concientes de su deber
individual y público. Las diferencias de partido, ideología y de otra
índole no deben ser obstáculo para reconocer lo bueno y admirable que
hay en los demás. Cada día quedan menos personajes públicos a quienes
admirar, y el reto para los jóvenes, y adultos que aún están a tiempo,
es recuperar las virtudes y el civismo que son dignos de admirar en cada
hombre y mujer que procura vivir y actuar con integridad y honorabilidad.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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