A TIRO DE PIEDRA
Tristeza, dolor y enojo
Con estas palabras el Señor
Arzobispo José Dimas Cedeño Delgado expresó el sentir de quienes
trabajamos en el Arzobispado, al presidir la misa de exequias de Alexis
Rodríguez, hombre que laboraba como guardia de seguridad para la empresa
que brinda ese servicio en el edificio de nuestras oficinas principales.
Tenía alrededor de siete años de estar asignado aquí, y siempre se
distinguió por su don de gentes y su actitud servicial.
El pasado 10 de noviembre, en la madrugada, lo asesinaron a tiros. Le
sobreviven su viuda, tres hijas, un niño en gestación, sus padres y
hermanos. Nada le llevaron, excepto el arma, que aparentemente deseaban
sus asesinos. Todos los que le conocimos y tratamos, como un compañero
más, a pesar de trabajar para otra empresa que no es la Arquidiócesis,
quedamos consternados con la fatídica noticia.
A pesar de estar ubicado en un barrio peligroso, el Arzobispado no había
tenido la experiencia de un guardia de seguridad asesinado. Antes de
mudarnos a Carrasquilla, un vigilante resultó herido, también para
robarle el arma, cuando estábamos en El Marañón hace más de 15 años. Por
lo demás, los sustos no habían pasado de unos cuantos hurtos y balaceras
allende a nuestros predios.
Truncar una vida de un hombre joven, honrado y trabajador es un crimen
doblemente cruel. Primero, el crimen en sí mismo, que es detestable
contra cualquier vida humana; segundo, porque Alexis era un hombre
amable que, difícilmente, sacaría su arma para amenazar a otra persona.
Por lo que pudimos ver, sus asesinos le negaron hasta la oportunidad de
someterse a sus amenazas o siquiera defenderse. Lo sorprendieron a
tiros, así sin más.
Sentimos tristeza, como dijo el Arzobispo, por el asesinato de un hijo
de Dios que considerábamos como de nuestra propia familia arzobispal.
Sentimos dolor, por la manera tan vil en que fue occiso. Sentimos enojo,
por la impotencia y la constante violencia a la que estamos sometidos
los habitantes del país, por parte de la delincuencia que parece actuar
en la más completa impunidad.
Unos días después de su muerte, la inmobiliaria donde tramitaba la
compra de una vivienda nos llamó, para contactar a sus familiares
cercanos y devolverle el dinero de enganche que había entregado, ya que
una de nuestras compañeras le había servido como persona de referencia.
Otros miembros del personal del Arzobispado han ofrecido su ayuda, para
orientar a su viuda y a la familia en algunos aspectos legales.
No nos cabe duda que Alexis Rodríguez se ganó el aprecio de muchos,
tanto en el Arzobispado como en el vecindario. Acompañamos a sus
familiares en el servicio funerario. El rito de exequias fue
concelebrado por los dos obispos auxiliares, los vicarios de la
Arquidiócesis, y presidida por el Arzobispo Metropolitano. Vecinos del
lugar también acudieron al sepelio, y hablaban bien de él; yo,
personalmente, nunca le escuché una palabra inadecuada ni una expresión
de enojo. Alexis era un buen hombre y, de seguro, se ha ganado el cielo
y la Vida Eterna.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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