A TIRO DE PIEDRA
Rufina Alfaro
La gesta ocurrida en la
heroica Villa de Los Santos el 10 de noviembre de 1821 es un hecho real
e irrefutable, al igual que la participación de personajes y figuras del
pueblo, cuyos nombres no todos aparecen en los documentos y testimonios
escritos de la historia. Eso no quiere decir que algún hombre o mujer
del lugar haya dejado de existir, por no haber sido mencionado en un
papel.
Tal es el caso de la heroína Rufina Alfaro, que algunos ahora intentan
desconocer. Que no aparezcan sus documentos en los Archivos Nacionales
no es prueba contundente. Hace poco leí que hurtaron de los propios
Archivos el documento original del incidente de la Tajada de Sandía;
¿podríamos aceptar que dentro de 30 ó 50 años alguien nos diga que el
asunto fue inventado, porque no hay un documento que lo respalde? Sería
absurdo desconocer esa parte de la historia, como absurdo considero que
es tratar de desconocer a Rufina Alfaro.
A Rufina se le menciona en escritos del mismo siglo XIX. No es cosa de
ahora ni invento. Personas que participaron de la gesta del 10 de
Noviembre nunca desmintieron ni refutaron su existencia. Bien pudieron
haberlo hecho, pero no fue así. Si se piden documentos, ¿por qué no
muestran alguno que diga que no existió? Esas cosas no se inventan, y
menos en un pueblo chico. Es un asunto muy grave, y reciente, por
añadidura, para que se lo inventen los moradores de La Villa.
Hay muchas razones por las cuales desaparecían los registros oficiales,
entre ellos la desidia de autoridades y pobladores, que no registraban
los nacimientos. Cuando se cumplía la mayoría de edad, entonces
aparecían los problemas. Si Rufina era una muchacha, posiblemente menor
de edad, porque la mayoría se adquiría a los 21 años, no podía firmar
documento alguno. Por su condición de mujer, también era poco probable
que le tomara en cuenta para participar oficialmente como firmante de
nuestra emancipación de España. En aquel tiempo, tampoco la mujer
ejercía derechos plenos de ciudadanía. Ni siquiera votaban en los
cabildos, porque la política era “cosa de hombres”.
Otra situación común, y que vivieron nuestros abuelos y bisabuelos,
cuánto más Rufina, era que muchos padres, sobre todo en el campo, le
daban, cuando lo hacía, el apellido a los hijos en su mayoría de edad.
¿Y si Rufina fue inscrita con otro apellido en los registros? Es una
situación muy probable, que crea una duda razonable en cuanto a aceptar
el argumento taxativo de su inexistencia.
Como bien dijo un lugareño de La Villa, cuando un periodista le
preguntó, para meterlo en aprietos, ¿Usted sabe que Rufina Alfaro no
existió? El campesino, con la sabiduría y la respuesta pronta de los
habitantes de la región, contestó al fuereño: ¿Cómo que no? Vaya al
parque y véala. Y esa respuesta, que remite a la plaza del pueblo, es
contundente: ¿Qué pueblo le haría un homenaje tal a una hija, con base
en una historia inexistente, y lo respaldaría unánimemente? La falta de
un papel no es suficiente, para decir y aceptar que no existió. Rufina
Alfaro es tan real como el incidente de la Tajada de Sandía, y como las
esculturas que se perdieron en el Parque Omar, aunque falten papeles y
documentos. ¡Viva Rufina Alfaro! ¡Viva La Villa de Los Santos! ¡Viva el
10 de Noviembre! Y, punto.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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