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Pastoral Juvenil
de la Arquidiócesis de Panamá |
Juventud misionera
La Misión general de todo bautizado:
Joan Manuel Quintero
Decimos que la Iglesia es Misionera porque ha recibido de Jesucristo el
encargo (la misión) de evangelizar (Mc 16,15); es decir, de hacer que
toda la humanidad conozca a Jesucristo y viva en comunión con Él y Su
Evangelio. Todos los miembros de la Iglesia participan de esta misión,
en tanto que, con su testimonio de vida y acciones cristianas, proclaman
a Jesucristo, llevándolo a los demás. En este sentido amplio del término
misión, es que se afirma que "todo cristiano es misionero en virtud del
bautismo recibido" (cfr. Rmi 71). En este mismo sentido, cual-quier
cristiano estaría cumpliendo con su misión con el simple hecho de ser un
buen cristiano, por-que estaría anunciando a Jesucristo con su vida, en
su familia, colegio, universidad, trabajo, etc.
La Actividad Misionera es una actividad eclesial y comunitaria, no
individual. Un misionero no es un "francotirador" que se lanza solo por
el mundo a predicar la Buena Nueva.
Pero entonces, tú como Joven dirás, ¿Cómo puedo ser yo un misionero?
Puedes serlo viviendo en tu propio país, en tu casa y comunidad,
realizando experiencias temporales de actividad misionera específica, de
cooperación, y de animación misionera. O también puedes sentir el
llamado a ir "más allá de las fronteras", a predicar a Jesucristo allí
donde no es conocido.
Si piensas que tu vocación misionera es de este último tipo, primero que
nada, debes saber que un misionero no es alguien que "es llamado" desde
una tierra lejana para ir a misionar, sino alguien que es enviado (Mt
10, 5 y Hch 13,1-3) por su propia Iglesia Particular.
Muchos jóvenes se entusiasman con la misión –Lo cual está muy bien. ¡Ojalá
fueran muchos más!– Pero piensan que misionar consiste en "irse a otro
país y otro continente si es posible". Entonces inician una búsqueda de
"a dónde puedo ir". Joven, Nuevamente, recuerda: el misionero no es
aquel que se lanza así nada más a una tierra lejana a predicar el
Evangelio, sino que es enviado por su propia Iglesia Particular, es
decir por su comunidad, por su parroquia, por su diócesis.
Normalmente, un proceso serio de envío misionero para la juventud se
encauza desde la propia comunidad, mediante un seguimiento de por lo
menos dos a tres años, en el cual se recibe formación misionera, se va
forjando y consolidando la propia espiritualidad misionera, se adquieren
las capacidades necesarias mediante experiencias progresivas de misión
y, luego que se han demostrado las aptitudes necesarias (motivación
firme y por razones valederas, estabilidad emocional, capacidad de
trabajo en comunidad, sólida formación y espiritualidad), es que se
procede al envío misionero.
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