Intervención de Monseñor Brown
durante el Sínodo de los Obispos


 

Publicamos la síntesis de la intervención pronunciada por Monseñor Oscar Mario Brown Jiménez, Obispo de la Diócesis de Santiago de Veraguas, en el Sínodo de los Obispos durante la quinta congregación general que se celebró en la tarde del miércoles, 8 de octubre.

En el número 35 del Instrumentum Laboris, se afirma que este sínodo, sobre La Palabra de Dios en la Vida y Misión de la Iglesia, está en relación de continuidad con el precedente, sobre La Eucaristía, Fuente y Culmen de la Vida y Misión de la Iglesia.
En la exhortación apostó1ica Sacramentum Caritatis, fruto de aquel sínodo, se nos recomienda vivamente destacar la unidad intrínseca del rito de la santa misa. No se deben yuxtaponer las dos partes del rito, la liturgia de la palabra y la liturgia de la eucaristía, se dice, como si fuesen independientes una de otra, pues ambas están íntimamente unidas entre sí, y forman un único acto de culto, al que se suman la introducción y la conclusión (cf Sacramentum Caritatis, 4449). El LL. del presente sínodo reafirma esta doctrina, cuando sostiene que la unión íntima entre palabra y eucaristía está arraigada en el testimonio de la Escritura, y aduce el testimonio de los Padres de la Iglesia, corroborado por el Concilio Vaticano II.
Recordamos que la eucaristía es el memorial de la pascua del Señor. En ella se hace presente, de manera incruenta, por las especies sacramentales, el Único sacrificio de Cristo, realizado de manera cruenta, una vez por todas, en el Calvario.
La liturgia de la eucaristía empieza con la plegaria eucarística, que se abre con un prefacio, que presenta de manera sucinta el misterio pascual del Señor, destacando algún aspecto concreto del mismo. Crucial importancia reviste la epíclesis, cuando humildemente pedimos a Dios que envíe su Espíritu sobre los dones presentados, para que se conviertan, para nosotros, en el cuerpo y la sangre de Jesucristo, nuestro Señor.
La acción del Espíritu en la liturgia de la eucaristía, como en la liturgia de la palabra, es la que hace presente al Señor de la pascua el Verbo de Dios, que se encarnó, padeció, murió y resucitó para el perdón de los pecados y hacernos hijos adoptivos de Dios, por el Espíritu.
En la liturgia de la palabra, como en la de la eucaristía, en la misa, está realmente presente el Señor de la pascua en un diálogo en el que Dios toma la iniciativa de dirigirse al hombre con su palabra y éste le responde con fe, obediencia y conversión. Esta presencia está latente en el Antiguo Testamento y patente en el Nuevo.
Las alianzas del A.T. son tipos y figuras de la Nueva Alianza, pactada en el Espíritu, que se cumplirá en el misterio pascual de Jesucristo, único mediador entre Dios y los hombres. Por eso, concluimos la oración eucarística con la gran doxología en que glorificamos al Padre por el Hijo, en el Espíritu.
La obra de Lucas, su evangelio y el Libro de los Hechos de los Apóstoles, es un excelente lugar teológico para estudiar nuestra temática.
Concluimos notando que la relación entre la liturgia de la palabra y la liturgia de la eucaristía, en la santa misa, está mediada por la acción del Espíritu, que hace presente al Señor de la pascua, en la liturgia de la palabra, por medio de las oraciones, la Sagrada Escritura, la homilía, el símbolo de la fe y la oración de los fieles.
Pero el Señor también está presente en la liturgia de la eucaristía, por la epíclesis, que convierte el pan y el vino en el cuerpo y la sangre del Señor. Tal vez se pueda hablar de una doble epíclesis, como en las iglesias orientales, una implícita, la de la liturgia de la palabra, y la otra explícita, la de la liturgia de la eucaristía. No se yuxtaponen. Su unidad intrínseca resulta de la presencia y la acción en ambas del único Espíritu Santo, Señor y Dador de vida que procede del Padre y del Hijo, y nos incorpora en el dinamismo de la Santísima Trinidad. Toca al presidente de la celebración eucarística, auténtico mistagogo, maestro del misterio, ayudar a la asamblea a vivirlo en toda su riqueza.

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